La crisis de las bibliotecas populares: una lucha por la supervivencia del saber y la cultura

La visita reciente de Laura Urano, Presidenta de la Comisión Provincial de Bibliotecas Populares, a San Rafael ha puesto de manifiesto la difícil realidad de las bibliotecas populares en la provincia de Mendoza. Durante su recorrido, Urano se reunió con Zulma Sboccia, Presidenta de la Federación de Bibliotecas Populares, para discutir los problemas y desafíos que enfrentan estas instituciones culturales.
Laura Urano asumió su cargo hace poco tiempo y está realizando un mapeo exhaustivo de la situación de las bibliotecas populares en toda la provincia. “No es una visita protocolar, es más bien de trabajo”, explicó Sboccia a Diario San Rafael y FM Vos 94.5, destacando la urgencia de las reuniones. Según la presidenta, de las casi 95 o 96 bibliotecas populares existentes, solo alrededor de 55 están operativas. “Nos hemos encontrado con que muchas bibliotecas están prácticamente perdidas”, lamentó.
Las bibliotecas populares son organizaciones no gubernamentales que desempeñan un papel crucial en sus comunidades, especialmente en áreas donde el Estado no puede llegar por diversos motivos. Sboccia explicó que estas bibliotecas funcionan gracias al esfuerzo y la dedicación de voluntarios, ya que la cuota societaria, que ronda los 200 pesos, no es suficiente para pagar sueldos. “Las bibliotecas se mantienen con la atención del voluntariado”, subrayó.
Una de las principales problemáticas que enfrentan es la exigencia de mantenerlas abiertas al menos cuatro horas por día. Esto se complica aún más debido a los altos costos asociados con mantener la entidad en orden ante la dirección de personas jurídicas. “Cada trámite que haces es un código fiscal que tenemos que pagarle al gobierno”, explicó Sboccia. Estos códigos pueden llegar a costar hasta 7.000 pesos, una cifra considerablemente alta en comparación con los ingresos generados por las cuotas societarias.
Las dificultades no terminan ahí. Sboccia también mencionó el costo elevado de los servicios del Consejo de Ciencias Económicas, que certifica los ejercicios económicos de las bibliotecas. “La biblioteca Peñasco, por ejemplo, paga 40.000 pesos por este servicio”, detalló. Estas cifras exceden ampliamente lo que las bibliotecas pueden recaudar, creando una situación insostenible para muchas de ellas.
Otro problema grave es que las bibliotecas son tratadas como entidades comerciales para servicios básicos como la luz y el gas. “Una de las bibliotecas de Carrodilla está cerrada porque le llegó una boleta de luz de 80.000 pesos y lo único que tienen son tres foquitos”, contó Sboccia. Sin electricidad, las bibliotecas no pueden operar, lo que las obliga a cerrar sus puertas.
A pesar de estos desafíos, hay esperanza. Con la nueva gestión de Laura Urano al frente de la Comisión Provincial de Bibliotecas Populares, hay una renovada energía para abordar estos problemas y buscar soluciones. “Estamos poniendo mucha pila para tratar estos temas y ver cómo se pueden arreglar con el gobierno de la provincia”, afirmó Sboccia con optimismo.
Las bibliotecas populares son las únicas organizaciones no gubernamentales en Argentina que tienen una ley nacional que las protege, creada por Sarmiento. Sin embargo, esta ley también impone exigencias significativas. “No es que haces una biblioteca, le pones un par de libros y ya tenés el reconocimiento de Conabip”, explicó Sboccia. Se requiere una amplia documentación y trámites que muchas veces resultan inalcanzables para las bibliotecas más pequeñas.
La labor de las bibliotecas populares es fundamental para sus comunidades, ofreciendo acceso a la cultura y la educación donde el Estado no puede llegar. Sin embargo, la realidad financiera y administrativa está llevando a muchas de ellas al borde del cierre. La visita de Laura Urano y su compromiso con la causa ofrecen una luz de esperanza, pero queda mucho trabajo por hacer para asegurar la supervivencia de estas instituciones vitales.