La crisis y sus profundas consecuencias

Tras la profundización del proceso recesivo en el cuarto trimestre del año pasado, el Producto Bruto Interno de la Argentina registró en 2018 una caída del 2,5% en comparación con el 2017, según informó esta semana el Instituto Nacional de Estadística y Censos.
El organismo oficial confirmó, además, que en el último trimestre del duro 2018 la desocupación a nivel país fue del 9,1% y que 400 mil personas se sumaron a esa categoría en el último año. Como si fuera poco, si a esos guarismos se le suman los subocupados (personas que hacen “changas o trabajos esporádicos”, la cifra de argentinos con problemas de empleo llegó a 4 millones.
Ante la publicación de las preocupantes cifras, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó que las mismas “muestran el impacto de la crisis” que enfrenta la economía. “La crisis ha pegado fuerte”, reconoció el ministro, para luego subrayar que en los últimos meses “hemos visto una especie de amesetamiento y desaceleración en la caída de los niveles de actividad y eso nos permite tener una mirada más optimista para lo que resta del año”.
Las crisis económicas derivan indefectiblemente en menores fuentes de trabajo para las generaciones que día con día se van incorporando al mercado laboral y para aquellos que, ya inmersos en el mundo del empleo, pierden sus trabajos debido a los infaltables recortes, producto de la astringencia financiera.
Varias veces en este espacio nos hemos preguntado quién pagaría el costo de la crisis y la actualidad sigue brindándonos respuestas. También ya ha quedado demostrado –y con cifras oficiales- que no todos los sectores económicos han vislumbrado pérdidas y que, por caso, las actividades financieras especulativas muestran ganancias espectaculares, beneficiadas por el entorno y ciertas políticas públicas.
En tiempos de definición para determinar el futuro político de nuestro país, aquellos que pretendan gobernarnos –o seguir haciéndolo- tendrán que poner un acento particular en este aspecto que, más temprano que tarde, corrompe nuestro tejido social.