La década ganada en Francia (de acuerdo a historia y vida de La Vanguardia)

La Francia de 1799 era totalmente distinta a la de 1789. En apenas una década, la Revolución había creado un estado completamente nuevo. De una monarquía absolutista se había pasado a una república. Ya no había súbditos, sino ciudadanos. La sociedad, antes capitaneada por aristocracia y clero, tenía ahora en la burguesía su motor principal. Hubo que dar nombre a sus nuevas instituciones: Senado, Consulado, Tribunado, Prefectura…
El modelo de esta renovación integral se tomó como ejemplo en otros lugares en que también se perseguía la soberanía del pueblo en los asuntos colectivos, la libertad política y la igualdad ante la ley.
El régimen republi­cano en 1792 abolió los privilegios de casta imperantes desde la Edad Media. Con la caída del rey, desaparecieron derechos arbitrarios, como el contundente peso político de los nobles sobre el resto de la población.
En la práctica, la mejora de la situación de los burgueses se manifestó en una redistribución favorable a su clase, del poder político y la propiedad privada. La posesión de bienes, libre de los condicionamientos señoriales, hizo que cualquier francés económicamente independiente fuese un elector y un posible miembro del gobierno del es­tado: un ciudadano.
Los ciudadanos, mediante elecciones, delegaban libremente su cuota de poder público en diputados que abogaban por sus intereses.
El mismo concepto igualitario se introdujo en la maquinaria impositiva. Tras la Revolución, el sistema fiscal se rigió por contribuciones equitativas de la ciudadanía, proporcionales a sus ingresos. El nuevo orden económico, fruto del concepto de una nación participativa, tuvo su reflejo en una institución fundada por Napoleón: el Banco de Francia.
La igualdad ante la justicia, la presunción de inocencia, la asistencia de un letrado en los tribunales o el derecho de hábeas corpus (de libertad individual y de protección ante las detenciones arbitrarias) fueron manifestaciones patentes de la profunda transformación experimentada por el estado en temas procesales.
El ejército no sufrió menos modi­ficaciones. Ahora lo integraban ciu­dadanos reclutados para defender la nación, no los intereses de la Corona.
Una sociedad que impulsaba cambios tan radicales como los que desarticularon el Antiguo Régimen no podía ignorar la remodelación de la educación. Ya la Convención había establecido la escolarización obligatoria y gratuita. Para lograrlo tuvieron que destituir a los reyes, encarcelarlos en 1.789, hecho que cambió la era moderna a la era contemporánea y en 1.794 los decapitaron.
A mí me parece o ¿esto es todo al revés de lo que se está haciendo Argentina hoy en el Siglo XXI?

Blanca Elena Saiz