Desde hace unos años hemos empezado a sentir en carne propia los efectos del cambio climático. Muchos son los factores que provocan esa situación y entre ellos uno que se destaca es la deforestación que el mundo ha sufrido desde el inicio del Siglo XX y hasta la fecha.
La masa verde, desde que existe, nos ha brindado sus beneficios y ha permitido que el ser humano tuviese contención, abrigo, oxígeno, medio ambiente saludable y hasta nos ha regulado las temperaturas en forma sabia, fresco en el verano y con su caída de hojas en el otoño permite que los rayos del sol nos alcancen en invierno; también los bosques han permitido ecosistemas equilibrados y una fauna y flora muy variada durante muchos siglos. En la actualidad eso se ha modificado y no para bien. Vivimos en una provincia que como la mayoría ha sufrido deforestación de bosque nativo durante muchas décadas y a eso hay que agregarle los incendios intencionales o por efectos naturales que siguen diezmando la masa arbórea. La sequía prolongada debido al cambio climático, con disminución de caudales hídricos que ponen en jaque hasta la masa verde de los centros urbanos en los que vivimos, se hace sentir cada vez más y nos obligará a hacer algo, para intentar revertir esa situación.
Las arboledas implantadas con especies traídas de otras regiones del mundo necesitan que se les provea de agua permanentemente, plátanos, cipreses, tipas, etc, en cambio los bosques nativos de chañares, algarrobos, caldén, etc. que se desarrollaron en nuestra región durante siglos, se mantuvieron solamente con el régimen de lluvias y formaron ecosistemas en equilibrio permanentemente, sin la intervención del ser humano y todo fue bueno mientras su convivencia tuvo coherencia. Hemos llegado a un punto donde la ausencia de lo nativo se hace notar, los campos comenzaron a tener efectos de desertificación, la variada fauna tuvo que desplazarse a zonas más alejadas y al desaparecer mucha vegetación nativa el equilibrio natural hace que las distintas especies animales se reproduzcan cada vez menos; esta situación ha llevado a la disminución de fauna silvestre a niveles preocupantes ¿no llama la atención la disminución de abejas en toda la región? Y ¿mariposas?, eso se debe a que hay menos árboles y por lo tanto menos frutos, menos flores… más desertificación, más cambios en el medio ambiente.
En la Argentina se pierden 300.000 has de bosque nativo por año, Brasil, en las últimas décadas ha producido la erradicación de millones de has de la Amazonía. Después nos preguntamos ¿por qué llevamos 3 años consecutivos del fenómeno “la niña”? cuya mayor influencia en el clima está caracterizada por la sequía.
Es hora de comenzar a tratar de revertir esta situación, es hora de empezar a hacer lo que países de avanzada ya están haciendo, Alemania, Islandia, Australia etc, plantar árboles, en esos casos son millones de ejemplares por año, como forma de comenzar a cumplir con los foros que tratan de frenar las consecuencias del cambio climático y al mismo tiempo poseen metas para frenar la deforestación tan nociva de estos tiempos.
Deben aparecer viveros de plantas nativas o árboles foráneos de bajo consumo de agua para enfrentar los cambios que el mundo nos presenta. En Argentina estamos lejos de cumplir las metas para frenar el cambio climático, pero tenemos la posibilidad de empezar por lo menos frenando la deforestación y comenzar un plan para recuperar masa verde de bajo consumo de agua, hagámoslo para proteger las generaciones futuras, que no están lejanas en el tiempo sino que las vemos a diario porque esas generaciones futuras son nuestros propios hijos y nietos que merecen vivir en un mundo mejor sin dudas.
por Enrique Mario Barrera







