La reciente decisión del Gobierno nacional de eliminar las retenciones a las exportaciones de productos derivados de la vitivinicultura, como el ácido tartárico, el ácido metatartárico y el crémor tártaro, fue recibida con satisfacción por los representantes del sector, quienes destacan el impacto positivo que tendrá en términos de competitividad, ahorro e impulso a la diversificación productiva.
El titular de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), Mario González, dialogó con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 y explicó que “Esto es un trabajo de mucho tiempo en donde se venía trabajando con la quita de los derechos de exportación. Eso en el año 2023 se había logrado bajar esa alícuota a los productos vínicos directamente, en donde salimos del 4,5 por ciento y bajamos al 0 por ciento”, detalló.
Sin embargo, quedaban pendientes algunos subproductos, como los recientemente beneficiados por la medida. “En este caso, que es un derivado de productos vínicos y que no es menor, si bien Argentina todavía tiene mucho camino por desarrollar en cuanto a todos los productos que se pueden obtener de la vitivinicultura, estos derivados tienen una importancia ya que según los últimos datos, más de 8 millones de dólares se habían exportado, con lo cual estimamos que a partir de ahora sería un ahorro para la actividad de unos 400 millones de pesos”, indicó González.
A su vez, destacó que “a la vez que uno recupera competitividad con el producto, puede incluso incrementar las ventas”, y valoró la articulación lograda: “Sobre todo, destacar que se puede trabajar en conjunto y se puede articular con medidas que realmente son importantes para la vitivinicultura”.
El presidente de COVIAR remarcó que los productos alcanzados por la eliminación de retenciones son utilizados tanto en la propia industria como en otras aplicaciones. “Son productos que también se utilizan en la misma industria vitivinícola y otros derivados, en la elaboración, en la fermentación y en distintos procesos, como así también para otro tipo de usos. Insisto, el ácido tartárico en sí y sus derivados tienen importancia, pero también tenemos un montón de subproductos de la industria vitivinícola: compostaje de los orujos, aceite de pepita de uva, fertilizantes a base de residuos. Hay mucho trabajo por desarrollar que, si logramos competitividad, podemos impulsar muchos más activos”.
Consultado sobre la cantidad de empresas que exportan estos productos, reconoció que es una actividad con ciertas particularidades técnicas. “No tengo claro el número, no son muchas porque es un trabajo específico, de temas químicos específicamente, para poder transformar estos productos ya en comerciales. Pero sí que los 8 millones de dólares de exportaciones es un número importante”, señaló.
Respecto del panorama general de la vitivinicultura, González reconoció la preocupación existente ante un escenario complejo, con caída del consumo y problemas de rentabilidad en el sector primario. “Cada uno de los temas que mencionaste impactan en nuestros ejes estratégicos para desarrollar la vitivinicultura argentina. El mundo tiene una baja de consumo, Argentina tiene una baja de consumo, y nosotros tenemos una buena performance en cuanto a calidad del producto, pero si el consumidor no lo elige, no hay ninguna relación que podamos hacer”, manifestó.
Según explicó, uno de los puntos más críticos lo sufre el productor. “El sector primario es uno de los que más sufre, porque siempre naturalmente viene siendo la variable de ajuste. Por supuesto que creemos que eso tiene que revertirse. Una de las características más importantes que tiene Argentina es la diversidad y la cantidad de productores a lo largo de todo el país, y eso es lo que hay que cuidar”.
El dirigente puso el foco en la diversificación de la producción: “La vitivinicultura la conocemos todos por el vino solamente, pero hay una gran importancia del resto de productos como puede ser la pasa de uva, el jugo de uva concentrado, el desarrollo de esto que estábamos hablando al principio de la nota, y esa diversificación es importante a la hora de equilibrar la rentabilidad”.
Finalmente, enfatizó la necesidad urgente de mejorar el acceso al crédito. “En cualquier parte del mundo estas situaciones se pueden corregir más rápido porque el crédito está a favor del sector productivo. Los cambios que se necesitan, ya sea de varietal, ya sea de producto, requieren de inversiones fuertes en el sector primario, inversiones muy fuertes en el sector industrial o bodeguero también desde el punto de vista de la tecnología, y eso se hace con crédito a largo plazo, con años de gracia, con una tasa acorde que uno puede tomar rápidamente”.
González concluyó: “Uno no puede exigirle a un productor que haga un cambio pensando que no tiene un crédito disponible, que hay que tener el costo de arrancar, volver a plantar, esperar tres o cuatro años para que entre en producción. Es medio imposible. Ahora, teniendo un sistema crediticio acorde a estas necesidades, creo que es lo que va a permitir hacer grandes cambios. Así que sobre eso estamos trabajando mucho”.







