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  • Los peores tiempos pueden ser los mejores si piensas con energía positiva.| Domenico Dolce

domingo 14, de agosto , 2022

La esperanza en la segunda mitad del 2022

El inicio de cualquier ciclo nos suele deparar a los seres humanos una sensación de esperanza, de “mejores tiempos por venir”. Está claro que cuando alguien espera mejores tiempos es porque los tiempos pasados o los actuales no son los ideales y en eso de “tiempos complicados” los argentinos somos –lamentablemente- especialistas. Formalmente, hoy estamos iniciando la segunda mitad del 2022 y este nuevo inicio también nos depara casi indefectiblemente la expectativa de un mejor porvenir.
Los argentinos sabemos de luchar por salir de nuestros malos momentos, muchos de los cuales nosotros mismos nos hemos creamos. Quizás sea por ello que, más allá de la crisis que deparó la pandemia y otras que ya arrastrábamos, observamos con ilusión los días que vienen.
Lo improbable puede ocurrir, pero no tenemos manera de demostrarlo. Lo imposible es ajeno a toda experiencia y a toda prueba. La imposibilidad anula a la esperanza, le cierra los caminos. Sin embargo, no anula el deseo de cambio y transformación, propio de la esperanza. El deseo -afirmaba el crítico inglés Terry Eagleton- nos vincula al futuro. Nadie desea lo que no tiene, por lo tanto desear es proyectar algo que hoy no es. Ese proyecto tiene un requisito: solo esperan los que pueden nombrar aquello que esperan. La esperanza nos exige conectarnos con nuestras necesidades y nuestros propósitos, nos pide que los definamos y los nombremos, no admite que nos quedemos en la simple creencia de que todo estará bien. La esperanza nos pregunta qué haremos para lograr eso a lo que aspiramos o necesitamos, cómo lo haremos, a qué estamos dispuestos y de qué herramientas disponemos. Así, debemos desentrañar qué queremos para luego sí pensar en cómo lo haremos, qué estamos dispuestos a hacer en tal sentido y con qué recursos reales contamos.
Aunque proviene de esperar, esperanza no significa quietud ni pasividad. Mucho menos descansar en la intervención externa o en la providencia. La esperanza pide razones. Quizás la segunda mitad del 2022 sea un buen momento para comenzar a dárselas.

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