La designación de Sergio Massa como nuevo ministro de Economía, Producción y Agricultura, hizo que algunos indicadores mejoraran: bajó el dólar en el mercado informal y subieron los bonos argentinos. Los analistas más realistas, no obstante, advierten que en economía los milagros no existen y que hay que ser más cautelosos y esperar para no percibir la realidad de forma distorsionada.
Poner fin a la inestabilidad del tipo de cambio, frenar la inercia inflacionaria y lograr que el Banco Central logre recomponer sus reservas son algunos de los desafíos más complejos que enfrentan Massa, el Gobierno y el país. La tarea no es sencilla pero la Argentina ingresó hace tiempo en una zona de riesgo de la que debe salir en forma ordenada para evitar males aún mayores.
Es posible lograrlo pero, para ello, será necesario que la coalición gobernante se ponga de acuerdo respecto de la hoja de ruta que deberá guiar a la economía y, en segundo lugar, que habilite una mesa de diálogo y acuerdos para resolver en forma razonable las tensiones que se irán presentando a lo largo del trayecto que falta recorrer de ahora en adelante. Y es que el conjunto de opiniones que se formen los distintos agentes económicos acerca de cuáles serán las reglas que ordenarán la economía nacional es clave para poder retomar una senda de crecimiento.
Lo que la Argentina precisa urgentemente es estabilidad macroeconómica a largo plazo y reglas de juego claras que ofrezcan un amplio margen de previsibilidad a los distintos actores del quehacer económico.
Es cierto que el país tiene problemas económicos, pero lo que es más preocupante es que detrás de toda la incertidumbre que se ha generado en los últimos meses hay un problema político, provocado en gran medida por la falta de acuerdos básicos en las propias filas del oficialismo.
¿Se podrá esta vez poner en marcha un ciclo productivo que beneficie a todos y se sostenga a largo plazo? Por el bien de todos, es de esperar que así sea.





