La eutanasia se abre camino en Portugal

La eutanasia empezó a abrirse camino en Portugal con la aprobación en el Parlamento de cinco proyectos de ley sobre la despenalización de la «muerte asistida», un asunto que divide a la sociedad y cuyos detractores piden que se dirima en un gran referendo nacional. La histórica votación coloca a Portugal cerca de convertirse en uno de los pocos países del mundo que permiten los procedimientos.

El hemiciclo, que en 2018 había rechazado por cinco votos otras propuestas para despenalizar la eutanasia, dio ayer luz verde al quinteto de nuevas iniciativas, presentadas por el gobernante Partido Socialista, el marxista Bloco de Esquerda, la fuerza animalista PAN y la ecologista PEV, además de Iniciativa Liberal.

Los textos pasarán ahora a las comisiones competentes, donde serán estudiados en profundidad y eventualmente modificados, antes de volver al pleno para una segunda y definitiva votación que carece de fecha, pero que se prevé para dentro de varias semanas.

El presidente portugués Marcelo Rebelo de Sousa aún podría tratar de vetar la medida, pero el Parlamento podría anular el veto si lo aprueba en una segunda votación. En Portugal, el presidente no tiene poderes ejecutivos.

En su origen, las cinco propuestas son muy similares: el solicitante deberá ser mayor de edad, sin problemas mentales, y estar en situación de sufrimiento «duradero e insoportable» con enfermedad o lesión incurable y fatal.

Además, habrá de confirmar varias veces su voluntad, pasando por un comité de expertos, y los médicos y enfermeros podrán argumentar objeción de conciencia para no aplicarla e inmediatamente remitir al paciente a profesionales que sí lleven a cabo esta práctica.­

Se pretende así acabar con las actuales penas de entre uno y ocho años de cárcel que se aplican en Portugal a quienes ayuden a una persona a morir, dependiendo de cómo se tipifique: homicidio privilegiado, homicidio a petición de la víctima o crimen de incitación o auxilio al suicidio.

La eutanasia, en la que un médico directamente le administra fármacos fatales a un enfermo, es legal en Bélgica, Canadá, Colombia, Luxemburgo, Holanda y Suiza. En algunos estados de Estados Unidos, el suicidio asistido, en el que el paciente se administra una sustancia letal bajo supervisión médica, es legal.

La votación, una de las más esperadas de la legislatura que arrancó a finales de octubre, estuvo precedida de una enorme tensión por la división que la eutanasia genera en la sociedad portuguesa.

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REFERENDO­

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Según un estudio del Instituto de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Lisboa divulgado ayer, un 43% está a favor de la legalización de la eutanasia, frente a un 28% que se opone y un 22% que no tiene una opinión consolidada al respecto.

En este contexto, medio millar de personas se manifestaron ayer a las puertas del Parlamento en Lisboa para exigir un referendo sobre la «muerte asistida», argumento usado por los opositores a la medida tras constatar que había en el hemiciclo una mayoría favorable al cambio.

Entre pancartas con frases como «Con la eutanasia no es una persona quien muere, sino toda la sociedad», y cánticos de «Toda vida tiene dignidad», los asistentes, en su mayoría jóvenes, mostraron su desacuerdo y sacaron tarjetas rojas ante el edificio.

«Venimos a mostrar una tarjeta roja a este Parlamento que está votando una ley, proyectos de eutanasia, después de que en las elecciones de octubre no fue un tema, no se habló de eutanasia, no estaba en los programas electorales», dijo António Saldanha, de 19 años, que considera la votación ilegítima.

Una opinión compartida por Fátima Vilaça, de 55 años, que cuestiona la finalidad de la despenalización.

«A los portugueses nos gusta la familia, nos importan los nuestros, los vecinos, los amigos, y estamos queriendo vender una ley de la eutanasia con una capa de compasión, pero la eutanasia no tiene nada de compasión porque el día en que matemos por compasión, estamos matando la compasión», aseguró.

Son argumentos que se repitieron en el debate en el hemiciclo, a pesar de las reiteradas intervenciones de partidos a favor, que esgrimieron que la eutanasia es una medida voluntaria y que «amplía libertades», según el líder del animalista PAN, André Silva.

Especialmente llamativa fue la posición del Partido Comunista Portugués, que votó en contra porque «un país no puede crear instrumentos legales para ayudar a morir cuando no garantiza medios para ayudar a vivir», argumento que se ganó el aplauso cerrado de la bancada del democristiano CDS.