La expulsión de lo distinto… y el Seminario de San Rafael

La expresión que encabeza esta pequeña nota pertenece a uno de los pensadores de moda, Byung Chul Han, y se refiere a una de las notas de la cultura actual.

Me pareció más que acertada a fin de ponerle nombre al misterioso cierre del Seminario de San Rafael

Según el comunicado de la Conferencia de los Obispos de Argentina, el motivo de la controvertida decisión va mucho más allá de la concreta cuestión en torno a la forma de recibir la Comunión. Leyendo entre líneas ese comunicado podríamos sintetizarlo del siguiente modo: “monseñor Taussig no tenía en su diócesis sacerdotes que aceptaran plenamente el Concilio Vaticano II y la Ratio Fundamentalis… el Seminario estaba formando sacerdotes que no responden a las expectativas de la Iglesia actual”

Algunas paradojas

Además de que una acusación en ese sentido siembra un manto de sospecha sobre todos los sacerdotes involucrados en esa casa de estudio, quisiera detenerme a señalar algunas paradojas de la situación.

a) Monseñor Taussig está en Cuyo hace 14 años. No ha llegado hace tres meses y se encuentra con una situación inesperada, ante la cual toma una decisión drástica. Mi planteo es: si en todos estos años (donde se formaron al menos dos camadas de sacerdotes, y donde hubo tiempo también de enviar a alguno más idóneo a hacer estudios de posgrado) no logró resolver el tan trágico estado del Seminario, la solución no es cerrar éste, sino pedirle la renuncia al Obispo. ¿No sería más lógico?

b) Los obispos señalan -elíptica y sutilmente- que en San Rafael no se estaban formando sacerdotes según las expectativas de la Iglesia. Aquí me caben otras preguntas. Monseñor Taussig ha ordenado ya muchísimos sacerdotes salidos de este centro de estudios. ¿Cómo ha obrado de modo tan irresponsable? ¿No es una grave negligencia de su parte “imponer las manos” sobre estos hombres así deformados? Tal vez él, en realidad, estaba conforme con el “fruto” de este centro de formación, y ha sucumbido a presiones externas. Tal vez.

Yo me pregunto, además: ¿a qué Iglesia se refieren? Por lo que uno puede saber, el tan mentado Pueblo de Dios que peregrina en San Rafael está bastante conforme con sus curas. Y no me refiero simplemente a que les caen simpáticos, que son macanudos y buena gente. Están conformes -como tantos obispos y fieles de otras diócesis donde hay curas allí formados- por el modo de ejercer su ministerio: predicar buena doctrina, dedicación a la pastoral con niños y jóvenes, fomento de la piedad eucarística y mariana, disponibilidad para administrar los sacramentos… Tal vez -tal vez- el comunicado exprese una brecha -o grieta, si prefieren- entre la percepción de los prelados y las ovejas “de a pie”, de cuyo olor deben estar impregnados los sacerdotes.

c) La tercera paradoja que me sigue sorprendiendo es la siguiente. Si supuestamente en San Rafael no se adhiere plenamente al Concilio Vaticano II y a la Ratio Fundamentalis ¿cómo es posible que sea ésta la diócesis con mayor número de seminaristas por habitante del país? ¿cómo es posible que en los últimos años se hayan ordenado tantos sacerdotes y el número de deserciones es -por lejos- el menor del país?. Sin quererlo, los Obispos de la Conferencia han puesto sobre el tapete otra cuestión más profunda aún, la que enuncio no sin temor y temblor: ¿será entonces el enfoque que ellos promueven -el que estaría ausente en San Rafael- el causante de la grave crisis vocacional y sacerdotal en la Iglesia? ¿Será que hay algo que no está tan bien en el Concilio y en la nueva Ratio…?

d) La cuarta paradoja que deseo señalar es que a lo largo de estas décadas en mi país como en el mundo entero los seminarios han sido testigos y víctimas de todo tipo de abusos litúrgicos, doctrinales, disciplinares, formativos… Pero sin dejar el “lente” que propone la Conferencia Episcopal, es un hecho que en muchos Seminarios las disposiciones conciliares, las de Pastores dabo vobis , las de la Ratio anterior, han sido completamente ignoradas. ¿Se cerrarán también esos seminarios? ¿Estamos asistiendo a una verdadera preocupación por la calidad y profundidad en la formación de nuestros futuros pastores, o es un caso más de “misericordia selectiva” ? Quedamos a la espera de nuevos cierres para salir de la duda.

d) Del comunicado, finalmente, me resulta casi cómico que los obispos saluden “al presbiterio que adhiere de corazón a su pastor…” Entre líneas leemos: “hay un grupo de curas desobedientes, a estos, por supuesto, no los saludamos…” Son como leprosos, de los cuales alejarse para no contaminarse. Flaco testimonio de espíritu sinodal y de “cultura del encuentro” que tanto se pregonan.

La expulsión de lo distinto

Para concluir, quiero retomar la afirmación inicial. El cierre de este seminario con el “estilo sacerdotal” que encarna es -según mi opinión- una peligrosa expresión de un modo de concebir la UNIDAD en la Iglesia.

Varias veces el Papa Francisco habló de la Iglesia como un “poliedro”, con varias caras, con expresiones diferentes y complementarias. Desde hace décadas se nos insiste en el modelo de la “diversidad reconciliada”, y se nos invita a abrirnos a las “sorpresas del Espíritu”, y no ahogar lo que Él pueda suscitar.

¿Tiene lógica, en ese contexto, apagar una voz disonante, diversa, en el “coro” que es la Iglesia en Argentina? ¿Es justo tomar la decisión sin oír al Pueblo de Dios, ese que tiene un sentido sobrenatural tantas veces elogiado por nuestro actual pontífice ? ¿Por qué todos los seminarios y todos los sacerdotes deberían ser iguales en lo opinable, en lo opcional? ¿Es necesario “expulsar lo distinto”, y que los fieles sólo puedan conocer un modo de vivir el ministerio sacerdotal?

Cuanto más cuando eso “distinto” en el Seminario de San Rafael, eso que provoca en muchos rechazo y hasta persecución es ¡lo mandado por la Iglesia!: filosofía y teología bajo el magisterio de Santo Tomás ( Optatam Totius ) una liturgia decorosa, cultivo del canto gregoriano y uso del latín ( Sacrosanctum Concilium ) uso del hábito talar (Código de derecho canónico)… y podríamos seguir enumerando.

No estoy invitando al caos, a la anarquía ni a dejarnos arrebatar por fuerzas centrífugas hacia el exterior. De hecho, bajo el pontificado de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI nos parecía que actuaban con excesiva pasividad ante aquellos que atacaban la fe y la disciplina eclesial. Nos costaba comprenderlo, como nos cuesta hoy comprender el afán de uniformar incluso en lo que no es esencial. Nos parece encontramos, una vez más, con la “intolerancia de los tolerantes” , tanto más dolorosa porque se da en el seno de la Iglesia.

Si todas estas preguntas molestan, si parecen injustas e infundadas, sería bueno que haya más claridad. Que nos digan cuáles fueron o son los graves delitos contra la fe y la unidad de la Iglesia ocurridos en San Rafael, para que estemos prevenidos, y a los fieles ni se nos ocurra confesarnos con alguno de esos curas salidos de ese Seminario infame…

De lo contrario, seguiremos sospechando justamente que se trata de un acto de autoritarismo, basado en una actitud muy actual pero poco evangélica: la expulsión de lo distinto
(Juan Benavides Militis)

Compartir

¿Le parece bien que la Vicepresidente Cristina Kirchner presione para que remuevan a los jueces que la investigan por casos de corrupción?

Artículo anteriorATM: vence el Impuesto Automotor
Artículo siguienteBrasil: Luis Inácio «Lula» Da Silva lamentó las más de 100.000 muertes por coronavirus en su país y criticó a Bolsonaro