La historia de muchas familias argentinas está atravesada por los caminos de la inmigración. En el caso de los Cordero, ese camino comenzó hace un siglo, cuando Demetrio Cordero dejó su tierra natal en la provincia de Cáceres, España, para buscar un futuro mejor en Argentina. Cien años después de que este pionero se afincara en Cuadro Nacional, sus descendientes se reunieron para rendir homenaje a aquel primer eslabón familiar que dejó huella en el sur mendocino.
Ricardo Cordero, nieto de Demetrio y uno de los impulsores del encuentro familiar, detalló a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que su abuelo llegó al país en 1916, instalándose primero en Gutiérrez, Maipú, y luego en Villa Atuel. “Mi abuelo llega en 1916 a Gutiérrez, Maipú, estuvo un tiempo ahí, después viene a vivir a Villa Atuel, como contratista en esas fincas. Ahí nace mi padre, junto a otro tío, en 1920, y como todos los inmigrantes, querían hacer un futuro mejor para su familia”, expresó.
Ese deseo de progreso llevó a Demetrio a comprar, en 1925, una propiedad en Cuadro Nacional. “Cuando él termina el contrato en Villa Atuel, se muda a esta propiedad. Compró cinco hectáreas acá, en el terreno que hoy es frente a Plastiandino. Una parte de eso la tiene hoy día Tassaroli. Acá se afincó y de ahí creció la familia”, narró Ricardo.
Aquel terreno se convirtió en la raíz de una historia que hoy, un siglo después, sigue floreciendo en San Rafael. “Realmente nuestro objetivo es, como quien dice, no vender las raíces; hay que cultivarlas para que la planta florezca”, reflexionó Cordero.
Además del valor simbólico que implica este centenario, el encuentro también es una oportunidad para fortalecer los lazos familiares y honrar la memoria de quienes ya no están. “La verdad que hemos tenido en la familia varios decesos, pero alrededor de unas 30 personas nos vamos a vincular a la celebración”, comentó.
El festejo se realiza se realizó el viernes, en coincidencia con la fecha original de llegada del primer Cordero a Cuadro Nacional. “Acá estamos con los preparativos”, confirmó Ricardo con entusiasmo ese día.

La herencia cultural no solo se manifiesta en las anécdotas familiares, sino también en la construcción de símbolos. En este caso, los Cordero recrearon su propio escudo de armas, como una forma de rendir tributo a su linaje. “En realidad, un poco yo y un poco mis hijos han estado sondeando, ya desde hace años, las vinculaciones. Si uno entra a internet va a encontrar, no sé, 50 escudos de Cordero. Pero estimamos que el más vinculado por zona y todo es el que estamos mostrando. Es el que hemos recreado, exactamente”, explicó.
El vínculo con España también sigue vigente. Ricardo recordó un viaje realizado hace una década al pueblo de Pescueza, donde nació su abuelo. “Ellos vivían en la provincia de Cáceres, específicamente en un pueblito que se llama Pescueza. Casualmente hace diez años atrás estuve por la zona. Ahí hay un descendiente que es una prima hermana de mi papá. Obviamente nos recibieron muy bien y estamos en permanente contacto con esta familia.”
Para él, recordar es también construir identidad: “Invito también a la gente que nos está escuchando a que ahonde un poco en sus raíces, que honren a sus antepasados, porque yo creo que es así como a través de los siglos han ido manifestando y trasladando costumbres, pensamientos, comidas, un montón de cosas que si los antepasados lo han podido llevar hasta su momento, ¿por qué nosotros no seguir con esa tradición?”
“Es cierto, los tiempos cambian, la tecnología cambia, pero la esencia no cambia. Si uno tiene la firme convicción de honrar a sus antepasados, lo mejor que puede hacer es demostrarlo”, cerró con emoción.








