La historia de Julieta Silva: de la cárcel a su casa, de su casa a la cárcel

La fatídica, fría y lluviosa madrugada del sábado 9 de septiembre de 2017 en la que murió Genaro Fortunato, tras ser arrollado por el Fiat Idea que conducía Julieta Silva, con quien mantenía una relación desde hace algunos meses, provocó – sin dudas – un antes y un después para la familia de la víctima, que hasta el día de hoy sigue sin tener el merecido duelo, y también para la responsable del hecho, quien cargó – desde ese primer momento – con la sanción de una sociedad mayoritaria que bajó el martillo ni bien se conocieron los primeros detalles del suceso, investigado en ese entonces por la fiscal Andrea Rossi.
Paralelamente al juzgamiento social, Silva también debió enfrentar un proceso judicial, inédito, si se tiene en cuenta la carátula por la que terminó siendo condenada: homicidio culposo agravado, figura que – para muchos otros casos – terminó con prisión en suspenso y libertad para sus responsables. Lo de Silva fue diferente, tanto, que a más de dos años de ser imputada, debió volver a la cárcel, como lo hizo los días siguientes a la muerte de Genaro.

791 días
Julieta Silva fue detenida en la misma madrugada del sábado 9 de septiembre de 2017, poco después de haber arrollado con su vehículo a Genaro Fortunato sobre calle El Chañaral, arteria sobre la que el chico había quedado tendido tras impedir que su novia se retire del lugar. Minutos antes habían salido del bar Mona, donde una discusión los llevó a retirarse.
En medio de una notable confusión respecto a cómo se produjo el incidente, la fiscal Andrea Rossi imputó a Silva bajo durísimos cargos: homicidio agravado por el vínculo y por cometerse con alevosía. La funcionaria no dudó del dolo de la mujer sino también consideró que actuó “sobre seguro y a traición”. Esa acusación, a Silva, le valió la cárcel. Tras permanecer algunas horas en la Comisaría 60ª de Las Paredes, fue trasladada a la cárcel de la avenida Mitre, donde fue alojada en el pabellón femenino.
En la audiencia de prisión preventiva, el actual fiscal Pablo Peñasco no dudó en ratificar las iniciales actuaciones de Rossi y no solo confirmó la continuidad de la joven en la cárcel, también aprobó la acusación que, de prosperar, iba camino a la prisión perpetua.
Silva estuvo en la penitenciaría hasta el 31 de octubre de 2017, un mes y diez días desde que sucedió el hecho. Su suerte cambió cuando entendió en la causa el tribunal de apelaciones, compuesto por Alejandro Celeste, Jorge Yapur y Néstor Murcia. Los magistrados consideraron que la acusación impuesta por Rossi no se ajustaba a los elementos probatorios que había en el expediente. Ya defendida por Alejandro Cazabán, Silva consiguió un cambio de carátula y el arresto domiciliario.
La joven conductora llegó al juicio bajo prisión domiciliaria y se mantuvo bajo esa condición incluso después del debate. Tras revisar la instrucción, las declaraciones testimoniales que se vertieron en las audiencias, las pericias y las pruebas que habían sido añadidas al amplio expediente, los jueces Rodolfo Luque, Eugenia Laigle y Julio Bittar entendieron – y justificaron luego – que Silva no tuvo intención de matar a Fortunato, que se trató de un episodio accidental, agravado por el alcohol que había consumido la acusada y porque no llevaba los lentes recetados, cuando se produjo el incidente, entre otros factores. Recibió 3 años y 9 meses de prisión de cumplimiento efectivo, pero al no quedar firme el fallo, continuó bajo arresto domiciliario.
Fueron tres las propiedades donde Silva estuvo bajo monitoreo del Servicio Penitenciario de Mendoza. La primera, de su padre, en calle 3 de Febrero, luego en una casa de calle San Lorenzo y por último en un inmueble de Las Paredes, donde empezó un emprendimiento de venta de muebles y artículos de decoración.
Independientemente de algunos episodios polémicos, debido a reuniones sociales realizadas cuando cumplía arresto en la calle San Lorenzo, Silva cumplió a rajatabla el régimen del arresto domiciliario, lo que será – sin dudas – un aliciente cuando a su abogado le toque solicitar la libertad condicional o, al menos, las salidas transitorias.
Ahora Silva volvió a la cárcel, al mismo lugar donde permaneció poco más de un mes entre septiembre y octubre de 2017. Se prevé que este nuevo período sea más extenso pero anteceda a su libertad, quizás en marzo del año que viene, difícilmente sea antes, de acuerdo con lo que estiman las fuentes judiciales consultadas a lo largo de estos días.
En este breve resumen, hicimos una cronología de cómo fueron los días de Silva tras aquella madrugada de septiembre. En el medio, un inusitado interés de medios provinciales y nacionales ante cada novedad de la causa y, claro, el dolor irreparable de una familia que – desde un primer momento – descreyó de la hipótesis del accidente y se sintió defraudada con el accionar judicial.