La importancia del voto contra los totalitarismos

Con el cronograma electoral definido -desdoblamientos incluidos- una vez más, y como casi ninguna otra vez de la moderna democracia nacional, desde algunos sectores se pone en controversia la voluntad del pueblo en ir a votar.
Más allá de las operaciones comunicacionales, no se debe olvidar que el voto expresa el momento de máxima igualdad política de la democracia y el acto eleccionario nos recuerda fehacientemente que somos protagonistas de nuestro destino colectivo.
Afortunadamente los argentinos hemos transitado ininterrumpidamente numerosos procesos electorales, lo cual sin dudas contribuye a consolidar nuestra democracia. Por lo menos en su dimensión formal. Tal vez siga pendiente, como tarea colectiva, mejorar su sustancia y enriquecer sus contenidos.
Hasta hace un par de décadas los partidos políticos fueron los encargados de intermediar entre la sociedad y el Estado; de hecho su función constitutiva ha sido la de agregar y encauzar las múltiples demandas sociales hacia las instituciones del Estado. El problema es que la crisis de representación -que se ha manifestado tanto en nuestro país como en la mayoría de las democracias del mundo- ha afectado esa intermediación, lo cual ha conducido básicamente a dos tipos de reacciones antagónicas: por un lado, una apatía ciudadana que se retroalimenta en un cómodo escepticismo, y, por otro, una acción directa sin límites que dificulta considerablemente la convivencia en el espacio público.
No podemos dar por sentada la democracia, es un sistema esencial y de gran valor que nos otorga el derecho a participar en la configuración de nuestro futuro colectivo. El derecho de voto es una de las piedras angulares de la democracia, que faculta a las personas para que tengan voz en los procesos de toma de decisiones. Al ejercer nuestro derecho de voto, no solo nos aseguramos de que se oiga nuestra voz, sino que también contribuimos a un marco democrático más amplio que defiende los principios de igualdad, libertad y rendición de cuentas.
Todo lo contrario a lo que buscan quienes pretenden ejercer el poder con la suma del poder público y sin controles de ningún tipo.