La industria pide respuestas y respeto

La reciente y contundente respuesta de la Unión Industrial Argentina (UIA) a las descalificaciones del presidente Milei marca un punto de inflexión en la relación entre el sector productivo y el Poder Ejecutivo. Al rescatar la máxima de Carlos Pellegrini, «Sin industria no hay Nación», la entidad fabril no solo contestó un agravio retórico; puso sobre la mesa una advertencia histórica sobre el peligro de desmantelar el tejido social y económico que sostiene a la Argentina real.

El escenario planteado en el Congreso, donde el primer mandatario tildó de «cazadores del zoológico» a quienes invierten y generan empleo en el país, revela una alarmante desconexión con la cotidianeidad de las pequeñas y medianas empresas. Mientras el Gobierno celebra indicadores financieros y un superávit fiscal obtenido a fuerza de una parálisis sistémica, las pymes de San Rafael —desde los talleres metalmecánicos hasta las plantas agroindustriales— enfrentan un combo letal: desplome vertical del consumo, costos logísticos exorbitantes y una apertura importadora que llega sin que se hayan corregido las asimetrías impositivas que asfixian la competitividad.

El reclamo de «respeto» por parte de la UIA no es una cuestión de formas o de buenos modales. Es la exigencia de un marco de previsibilidad para quienes arriesgan capital en un territorio donde las reglas de juego se escriben con la violencia del insulto desde el atril, como el último domingo en el Congreso. No se puede pretender una Argentina pujante si el discurso oficial criminaliza la producción local y confunde la defensa de la industria con el privilegio prebendario. El mercado no es un ente abstracto que se regula en el vacío; es el espacio donde los ciudadanos deben tener poder adquisitivo para que la rueda vuelva a girar.

Si las chimeneas se apagan y los galpones se llenan de polvo bajo la premisa de una libertad de mercado malentendida, lo que se pierde no es solo una unidad de negocios, sino el sustento de miles de familias y el conocimiento técnico acumulado por generaciones.