El Índice de precios en Origen y Destino (IPOD), que elabora mensualmente la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), reveló que los consumidores pagaron, en julio y en promedio, 3,6 veces más de lo que cobraron los productores en julio, de acuerdo al indicador que analiza el comportamiento de los 24 productos agropecuarios que integran la canasta relevada. El informe indicó que la participación del productor en el precio final de venta fue del 25,6% en promedio, por lo que explicó tan solo una cuarta parte del precio de góndola. El zapallito (14,11 veces), el limón (14,03), la naranja (10,85), la manzana roja (8,43) y la zanahoria (6,83) fueron los 5 agroalimentos que presentaron mayor diferencia entre origen y destino.
Los sanrafaelinos conocemos sobradamente la situación, no solo porque pagamos muchos productos más caros que en otros puntos del país e inclusive de Mendoza, sino –sobre todo- porque vemos a diario las peripecias que deben realizar nuestros productores para llevar adelante una tarea que, en general, es retribuida de forma paupérrima para luego ver cómo sus productos son ofrecidos a precios elevados en el mercado final.
Entre las situaciones que explican la brecha “origen-destino”, el poder que han acumulado los tramos finales de la comercialización es casi escandaloso. Y son los supermercados los que aparecen como los mayores beneficiados, quedándose con una porción más que importante de la torta por el solo hecho de comprar y vender productos. En el medio del camino, los industriales que agregan valor al producto primario, procesándolo y disponiéndolo para el consumo final, aparecen como víctimas-victimarios (frente a los otros protagonistas) del engranaje. Tampoco podemos olvidar que muchos productores primarios aún tienen la tarea pendiente de asociarse para lograr mayor poder en las negociaciones.





