La llegada de pasta de tomate chilena golpea a la producción local y deja cosechas perdidas

La apertura de las importaciones volvió a encender las alarmas en las economías regionales y uno de los sectores más afectados es el del tomate para industria.

En Mendoza, especialmente en el Sur provincial y el Valle de Uco, productores advierten que el ingreso masivo de pasta de tomate importada desde Chile —e incluso de origen chino— está dejando parte de la producción local sin comercializar.

El impacto llega después de varios años en los que el cultivo había mostrado un crecimiento sostenido. La cantidad de hectáreas destinadas al tomate industrial aumentó de manera significativa, impulsada por una demanda que apuntaba a sustituir importaciones y fortalecer el abastecimiento nacional.

Sin embargo, el cambio en las condiciones económicas y comerciales modificó por completo el escenario. Desde el sector explican que producir pasta de tomate en Mendoza tiene un costo que ronda entre los 1.200 y 1.300 dólares por tonelada, mientras que el producto importado ingresa al país a valores cercanos a los 880 dólares, una diferencia que termina desplazando a la producción local.

La situación genera una fuerte paradoja para el sector: durante la última temporada Argentina estuvo cerca de alcanzar el autoabastecimiento en tomate industrial, pero ahora el mercado se encuentra inundado de materia prima importada.

TRABAJAR A PÉRDIDA

Productores aseguran que trabajan prácticamente “a pérdida” y advierten que la gran cantidad de pasta importada provoca que parte importante de la producción mendocina quede sin destino comercial.

El problema golpea principalmente a productores del Sur provincial y del Valle de Uco, donde el tomate industrial se había convertido en una alternativa productiva en expansión.

A esto se suma otro problema de fondo: el deterioro de las fincas por la falta de inversión y financiamiento. Muchos productores aseguran que hoy deben elegir entre afrontar el costo del agua para riego o invertir en fertilización y mantenimiento de los cultivos, en un contexto donde la rentabilidad desapareció casi por completo.

La preocupación en el sector crece ante la posibilidad de que muchos productores abandonen la actividad si el escenario no cambia, afectando no solo a las fincas sino también a toda la cadena vinculada a la industrialización del tomate en Mendoza.