La lucha por los derechos y un equilibrio lógico

El lunes, un grupo de músicas de la Orquesta Filarmónica de Mendoza se negó a tocar con el grupo santafesino Los Palmeras en una de las repeticiones de la Fiesta Nacional de la Vendimia por considerar que las letras de algunas de las canciones del conjunto cumbiero “cosifican y degradan la imagen de la mujer”. En ese sentido, pusieron como ejemplo los temas «Perra”, “Bombón asesino” y “La cola” para fundamentar su decisión.
En este mismo espacio habitualmente destacamos con especial énfasis la importancia de la lucha de las mujeres de todo el mundo por lograr una igualdad con el hombre que, a esta altura de los acontecimientos, no debiera estar en discusión, pero que en la práctica aún no es del todo evidente. Casi todos estamos de acuerdo en que visibilizar las diferencias y luchar por eliminarlas es fundamental para lograr una sociedad más justa. No obstante, la pregunta que surge indefectiblemente es cuál es el punto de equilibrio para evitar que lo que hasta ahora es injusto en un sentido, no lo sea en el contrario a futuro.
Claro que no es lo mismo –ni cerca- una eventual “censura” a temas musicales que un femicidio, pero si queremos abordar de manera íntegra el fenómeno, debemos tener en cuenta todas las variables involucradas.
La antropóloga Rita Segato es una de las intelectuales feministas más importantes de Latinoamérica. Tiempo atrás declaró: “Les estamos diciendo a los hombres que se corran, se desmarquen y desmonten el mandato de masculinidad. Muchos lo están haciendo, me consta, porque están percibiendo que ese mandato los mata, los enferma, y que también son víctimas de ese orden corporativo autoritario y cruel que impera al interior de la propia corporación masculina”, aclarando que “el feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos ‘naturales’. El enemigo es el orden patriarcal, cuidado con los linchamientos”. Allí parece haber un principio a tener en cuenta: todos debemos luchar por nuestros derechos, pero sabiendo que otros también tienen los suyos y que la clave está en hacerlos convivir de la manera más justa y lógica posible.