La mendocina que subrogó su vientre pudo llegar a Buenos Aires

Luciana Correa es mendocina, tiene 32 años y es madre de cuatro niños. Si bien había decidido no tener más hijos, cuando se enteró que sus amigos Víctor Aráoz y Ezio Quijano querían ser padres, les propuso subrogar su vientre. Sin embargo, el gesto de amor se convirtió en una odisea cuando la cuarentena cambió los planes.

Con los vuelos cancelados, el matrimonio que vive en Buenos Aires no pudo viajar a Mendoza para participar de algunos momentos claves del embarazo. Pero además, en el último mes corrían el riesgo de que la bebé naciera en la provincia y fuera anotada legalmente como hija de ella, ya que la mujer cursa la semana 34 de gestación. Finalmente, este sábado y tras atravesar cuatro provincias en auto, Víctor (30) y Ezio (34) lograron llevar a su amiga para que tuviera su cesárea en un nosocomio del AMBA.

“Pilar se mueve todo el tiempo, pero cuando alguien me toca la panza se detiene. Cuando sus papás me tocaron la panza anoche comenzó a moverse como loca. Los conoce porque desde que el resultado del test dio positivo le hablo de ellos, le pongo los audios que me mandan…”, señaló Luciana a El Sol.

La mujer llegó a esa provincia cerca de las 4 de la madrugada acompañada de su hija mayor, de 18 años, y del menor, que tiene 3. Mientras los otros dos quedaron a cargo de su esposo.  “Estaremos viviendo en un departamento hasta que volvamos. El 10 de octubre tengo programada la cesárea porque iba a tener parto natural pero dio mal un electro. Luego me quedaré una semana más para recuperarme”, dijo.

Luciana y su familia toman el gesto solidario como algo natural, sabe que muchas personas desean ser padres pero no lo logran por la burocracia del sistema de adopción, entre otras causas.

“Nunca me importó el qué dirán. Tuve 4 embarazos y partos hermosos y mi cuerpo vuelve rápido a la normalidad. La idea de darle la oportunidad a una persona de tener un hijo me parece hermosa, me hace feliz y me hace sentir bien”, sostuvo la embarazada que es acompañante terapéutica de adultos mayores.

Para esto, contó con el apoyo de sus hijos y de su marido, con quien está desde hace 16 años y es padre de 3 de ellos. “Mi marido es especial. Siempre me apoya en mis decisiones. Sabía que me gustaba la idea de subrogar mi vientre, hablábamos de la oportunidad que tuvo Marley, por ejemplo, de ser papá a través de este mecanismo”, dijo.

“Sé que Pilar no es mi hija. Te interiorizás. Ella está creciendo en mi panza, se alimenta a través del cordón umbilical, pero no lleva mi ADN. El óvulo es de una donante anónima y el espermatozoide es de uno de los chicos”, sostuvo.

Si la pandemia y las restricciones impuestas al sistema sanitario para evitar contagios lo permiten, Luciana ingresará a quirófano con Víctor o Ezio. Tras dar a luz, la bebé será entregada a uno de ellos para que corte el cordón umbilical, la pose sobre su pecho y le de su primera mamadera. En tanto, a la subrogante le darán una pastilla para evitar la producción de leche.

“Siempre voy a participar como su tía. Mis amigos me preguntaron si me podía llegar a afectar que me manden fotos de la nena, pero no, estoy muy confiada de mi decisión. Mi deseo es que sean felices, que ella lleve una vida sana y con amor”.

El proceso de ser padres

Luciana y su marido conocieron a Víctor y a Ezio hace años atrás en el Cerro de La Gloria. “De la nada, nos pusimos a hablar y los llevamos de aquí para allá. Así, continuó la amistad”, afirmó.

En 2019, cuando se enteró que la pareja deseaba tener un hijo decidió enviarles un mensaje: “Quiero prestarles el vientre”. A partir de allí, comenzaron un proceso de fertilización asistida que se realizó en la provincia. El 10 febrero, finalmente, les escribió contándoles que estaba embarazada.

Pero pronto vino la cuarentena por la pandemia de coronavirus y tuvieron que cambiar sus planes. “Siguieron el embarazo por las fotos y los videos que les iba mandando de las ecografías y los análisis que me hacía”, recordó. En tanto, en Buenos Aires, los jóvenes preparaban la habitación de Pilar.

“En principio teníamos planeado viajar en avión en la semana 34, ya que después es riesgoso. Pero tuvimos que hacerlo en auto”, dijo.

El peligro que corrían es que si bien la gestación solidaria, es legal en la Argentina, la bebé podía ser inscripta como hija de Luciana si no nacía en Buenos Aires.

La resolución del Registro Civil de CABA establece que los nacidos por gestación solidaria pueden ser anotados a nombre de los papás que manifestaron en un consentimiento informado tener voluntad procreacional. En ese mismo consentimiento, la gestante (Luciana, en este caso) manifiesta que tiene voluntad gestacional.

“Sí nacía en mi provincia íbamos a tener que realizar un largo proceso judicial para impugnar la maternidad que podía llegar a durar dos años y que involucra hasta prueba de ADN para comprobar la paternidad. Yo a la bebé la iba a cuidar como una sobrina, pero le dejé bien en claro a los chicos que no quería otro hijo”,  bromeó sobre el final Luciana.

El problema principal se dio en las últimas horas cuando tras sacar todos los permisos nacionales para cruzar el país en vehículo, por un error del sistema, que cargó el test de Ezio de COVID 19 como positivo, tuvieron que quedarse en Buenos Aires sin poder viajar.

Finalmente, el viernes lograron llegar hasta San Luis. Luciana y sus hijos fueron llevados hasta ese límite y cruzaron el Arco del Desaguadero a pie.

“Lo más gracioso es que en todo el trayecto nadie nos pidió ni un permiso, ni la licencia de conducir, ni los hisopados”, concluyó.

Ahora, Luciana espera dar a luz a Pilar y que sus amigos puedan tener la familia que siempre soñaron.

Fuente: El Sol

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