Hace algunos días la historia de Fulgida Truzzi conmovió a muchos sanrafaelinos. La productora había lanzado una convocatoria poco habitual pero cargada de sentido comunitario: organizar una “minga solidaria” para poder levantar una cosecha de aceitunas que corría riesgo de perderse por los altos costos y las complicaciones que dejó una temporada marcada por el granizo.
La propuesta finalmente se concretó y superó las expectativas. Amigos, vecinos y voluntarios respondieron al llamado y se acercaron a la finca para colaborar en la recolección de los frutos, demostrando que la solidaridad todavía tiene un lugar importante en tiempos donde muchas veces predominan el individualismo y las dificultades económicas.
“Estoy en apuro con la cosecha de mis aceitunas. Demasiada piedra este año dejó muy poco y complica el trabajo. Me hubiera gustado pagar lo digno por la cosecha, pero los números no cierran”, había contado Fulgida al explicar por qué decidió recurrir a esta experiencia colectiva.

La iniciativa recuperó el espíritu de la “minga”, una tradición ancestral de origen andino y quechua basada en el trabajo comunitario y la ayuda mutua. Históricamente, vecinos, amigos y familias se reunían para colaborar en tareas rurales, construcciones o cosechas, entendiendo que el esfuerzo compartido beneficia a toda la comunidad.
SOLIDARIDAD Y CONSTRUCCIÓN COLECTIVA
Las imágenes que quedaron de la jornada reflejan justamente ese espíritu: personas cosechando juntas, compartiendo conversaciones, trabajo y tiempo para ayudar a que una pequeña producción no se pierda.
Uno de los participantes, Daniel, explicó que conoció el concepto durante una experiencia en el sur de Chile y que no dudó en sumarse cuando vio la convocatoria. “Allá toda la comunidad se junta para ayudar a una familia a construir su casa o levantar la cosecha”, relató.

Más allá de las aceitunas recolectadas, quienes participaron destacan que el verdadero resultado fue otro: recuperar una forma de vincularse basada en la cooperación, el encuentro y la construcción colectiva.
En una época atravesada por las urgencias económicas y las dificultades que enfrentan muchos pequeños productores, la experiencia dejó una enseñanza simple pero poderosa: cuando una comunidad se organiza y trabaja unida, los problemas pesan un poco menos.
La “Minga Solidaria” nació para salvar una cosecha, pero terminó cosechando algo mucho más valioso: compromiso, empatía y comunidad.







