La movida primera semana de la transición

La primera semana posterior a las elecciones generales que determinaron que Alberto Fernández sea, desde el 10 de diciembre, el próximo presidente de la Nación, deparó varios hechos que generan, a la vez, esperanza, inquietud, preocupación y hasta incredulidad.
Una vez conocidos los resultados y con la palabra del actual presidente Mauricio Macri reconociendo el triunfo de Fernández, los círculos íntimos de ambos líderes coincidieron en evaluar la supuesta escasa distancia –teniendo en cuenta las PASO de agosto y los sondeos de opinión previos al domingo 27– que separó a ambos en la justa electoral. Para los adláteres de Macri, el 48 a 40 fue una muestra de que el actual presidente sigue teniendo peso político a pesar de la derrota, y que el recorte de la distancia a Fernández desde agosto evidencia que el electorado no quiere más líderes omnipotentes y sin control opositor.
Para el círculo rojo de Fernández, en tanto, el triunfo nunca corrió peligro y mostró como pilar de su legitimidad ganadora el dato de 2015, cuando Macri ganó la presidencia en el balotaje frente a Daniel Scioli por apenas 2,68 puntos porcentuales.
El desayuno entre Macri y Fernández del lunes pasado pareció ponerle un poco de sensatez a un momento nacional cuando los fanatismos tocan sus puntos máximos. Fue una buena foto la de ambos juntos, pero solo la realidad fáctica de los casi 40 días que restan para llegar al 10D responderá a la pregunta de si esa convivencia será realmente tranquila y con ambos aportando, o no.
A nivel económico, la semana mostró la decisión oficial de restringir al máximo el mercado cambiario para evitar la fuga de reservas, y el anuncio de fuertes aumentos en varios rubros –entre los que se destacó el de los combustibles–, lo que hace prever un fin de año acuciante para los ya paupérrimos bolsillos argentinos.
La primera semana de la convivencia Macri-Fernández pasó. ¿Vendrán tiempos mejores? Casi nadie lo sabe.