En una reveladora entrevista concedida a FM Vos 94.5, el doctor Aldo Sergio Saracco —referente indiscutido en toxicología, emergentología y salud pública a nivel provincial y nacional— analizó las complejas dinámicas que rodean al consumo de bebidas alcohólicas y los controles viales. El especialista explicó que las altas graduaciones registradas en los test de alcoholemia no obedecen necesariamente a un aumento del volumen total ingerido, sino a la proliferación de destilados de elevada concentración alcohólica. Asimismo, contrapuso esta realidad con un incipiente cambio de paradigma en sectores juveniles hacia hábitos más saludables, remarcando la necesidad innegociable de promover la tolerancia cero al volante y abordar la problemática mediante la educación primaria y la concienciación social.
Cambios de modalidad: de la cerveza al atracón con bebidas de alta graduación
Saracco detalló que, más allá de la percepción sobre si la población bebe con mayor o menor frecuencia, la clave de la problemática radica en la mutación de las formas de consumo. Actualmente prevalece la ingesta de sustancias de gran graduación alcohólica, donde pequeños volúmenes líquidos provocan elevaciones drásticas y rápidas de la concentración de alcohol en sangre. A esta tipología se suma el patrón epidemiológico conocido como «consumo episódico agudo», una modalidad que afecta a casi la mitad de los jóvenes y adolescentes, quienes sin beber durante la semana alcanzan picos neurotóxicos severos en salidas o festejos ocasionales. «Lo que ha ido cambiando es la modalidad de consumo; hoy tenemos un aumento de aquellas bebidas de mayor concentración alcohólica donde, con bajos volúmenes líquidos, se alcanzan niveles de alcoholemia mucho más elevados», aseguró.
«Se suman los destilados como el gin, el vodka y el fernet, que generan el inconveniente de concentrar grandes cantidades de alcohol en sangre; por más que se diga ‘tomé poquito’, ese poco volumen tiene una alta gradación», detalló.
«Existe el consumo por atracones o episódico agudo, en donde prácticamente el cincuenta por ciento de los jóvenes y adolescentes no toma bebidas alcohólicas todas las semanas, pero en alguna salida o fiesta produce este atracón que lleva a alcanzar grandes alcoholemias en muy poco tiempo», afirmó.
Autopercepción, tolerancia cero y límites del enfoque sancionatorio
En relación con el debate sobre los controles viales y el incremento de las multas, el especialista sostuvo que la estrategia puramente punitiva resulta insuficiente si no se modifica la percepción individual del riesgo. Explicó que el consumo suele utilizarse de forma errónea como un mecanismo de automedicación frente a la angustia y la ansiedad, lo que genera una falsa sensación de control al conducir. «Aumentar las multas no va a cambiar nada porque, como decía Albert Einstein, si esperamos resultados diferentes no sigamos haciendo lo mismo; donde hay que trabajar es en generar conciencia de que el nivel de alcoholemia a la hora de manejar tiene que ser cero«, enfatizó.
«Siempre jugamos a pasar con el semáforo amarillo, pero tenemos que tener claro que no se debe tomar absolutamente nada de alcohol si se va a conducir, como tampoco en el embarazo o la lactancia, porque el impacto negativo compromete el desarrollo cerebral desde las primeras semanas de gestación hasta pasados los dieciocho años», remarcó.
«En la parte económica el castigo no siempre funciona; sería más efectivo aplicar medidas de servicio comunitario a quien cometió la locura de conducir bajo los efectos del alcohol, porque disponer del propio tiempo hace recapacitar mucho más», propuso.

Un viento a favor: el cambio de paradigma fitness y la información veraz
Por otro lado, el toxicólogo reconoció la consolidación de un fenómeno global positivo: la adopción de estilos de vida saludables por parte de un sector creciente de la juventud, manifestado en el auge del gimnasio, la nutrición consciente y la demanda de bebidas sin alcohol o desalcoholizadas. «Hay una tendencia a nivel mundial donde viene creciendo significativamente el consumo de bebidas sin alcohol en grupos de jóvenes que tienen este cambio más orientado al cuidado de la salud; es un viento a favor que hace propicio el momento para trabajar fuertemente desde la educación primaria», destacó.
«A este cambio de paradigma hacia una vida más sana hay que alimentarlo con información veraz, enseñando por ejemplo que el aporte proteico se busca en la alimentación natural y no en preparados químicos, o que el consumo de bebidas energizantes en los gimnasios aumenta el riesgo de arritmias«, expuso.
«Tal como ocurrió con el tabaco, donde se logró un cambio significativo en la población al generar conciencia sobre el daño del humo, hoy la clave es brindar herramientas educativas con fundamento desde muy tempranas edades», ejemplificó como conclusión.


