El Congreso Nacional, recinto de la soberanía popular y el debate que debe regir nuestro destino, fue degradado. La jornada organizada por la diputada del PRO por Chaco, Marilú Quiroz, bajo el eufemístico título “¿Qué contienen realmente las vacunas?”, no fue un ateneo ni un debate: fue un peligroso acto de propaganda antivacunas que expuso la frivolidad y el riesgo de la desinformación con aval institucional.
Los detalles del evento son alarmantes, rayando en lo esperpéntico. Mientras médicos y especialistas advertían en voz alta sobre el riesgo de la caída de las tasas de vacunación que ya causan la reemergencia de enfermedades controladas (como el sarampión y la tos convulsa), en el Anexo A de Diputados se hablaba de «magnetización» y se exhibía a un hombre supuestamente afectado por la vacuna de AstraZeneca, sin una sola prueba científica.
La diputada Quiroz sostiene que su rol es dar voz a un sector de la sociedad que siente «desconfianza». Pero el Congreso no es una caja de resonancia para teorías conspirativas o negacionismos científicos. La institución tiene la obligación ética de filtrar la información y priorizar la salud pública basada en la evidencia científica, no en los temores infundados.
El repudio generalizado, manifestado por el Colegio de Médicos y la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), que alertaron sobre el «enorme peligro» de la jornada, confirma que este no es un debate político, sino una emergencia sanitaria camuflada. Como bien señaló el presidente de la Comisión de Salud, Pablo Yedlin, mientras Argentina enfrenta las coberturas más bajas de su historia, «en Diputados hacen este circo».
En San Rafael, donde el acceso a la salud es una prioridad y donde luchamos por mantener altos niveles de inmunización, el mensaje que llega desde el Congreso es tóxico. La desconfianza sembrada por una legisladora se propaga más rápido que cualquier virus, socavando el trabajo de años de campañas y poniendo en riesgo a los sectores más vulnerables de nuestra población.
El Congreso debe ser la voz de la razón. Permitir y organizar estos actos, que atentan contra el calendario nacional de inmunizaciones, es una traición al juramento de velar por el bienestar del pueblo. La diputada Quiroz ha confundido el rol de legisladora con el de difusora de mitos. Y el costo de esa confusión puede pagarse, dolorosamente, con vidas.




