La pertinacia y el crecimiento del terrorismo

Los recientes atentados perpetrados en Nueva Zelanda y Holanda volvieron a poner en el centro de las preocupaciones mundiales el accionar del terrorismo fundamentalista sin distinción de culturas y nacionalidades.
Las principales autoridades mundiales afirman contestes que el terrorismo es una amenaza mundial persistente y en evolución, y que ningún país permanece inmune a su influjo. En su pavorosa lógica, se utilizan medios de comunicación (redes sociales, comunicaciones cifradas, etc.) para difundir propaganda, radicalizar a nuevos reclutas y planear atrocidades. La amenaza se extiende desde las tácticas rudimentarias de personas que actúan en solitario hasta complejos ataques coordinados y la terrible perspectiva de que los terroristas utilicen, eventualmente, armas químicas, biológicas o radiactivas.
Los especialistas aseguran que es fundamental que los gobiernos, los organismos de seguridad y los órganos encargados de hacer cumplir la ley puedan mejorar el intercambio de información esencial y las estrategias para detectar redes terroristas, desarticularlas y entablar acciones judiciales contra ellas. Evidentemente, la respuesta al terrorismo y al extremismo violentos debe respetar, sin embargo, los derechos humanos y cumplir las disposiciones del derecho internacional. No es solo una cuestión de justicia, sino de eficacia contra quienes pretenden imponer su autoritarismo e intolerancia.
No obstante, no basta con mejorar la seguridad sino que es preciso, además, abordar las condiciones subyacentes que predisponen a las personas a estar influidas por ideologías agresivas. En ese sentido, el terrorismo extremo parece ser la expresión final de millones de odios que los seres humanos construimos y hasta fomentamos día a día, en casi todas nuestras actividades o interacciones sociales.
La violencia es un signo representativo de nuestra actualidad como habitantes del planeta. El individualismo y la aversión por el “distinto” es un caldo de cultivo inmejorable para las manifestaciones agresivas, desde un gesto o un insulto hasta un disparo o la colocación de una bomba.