La pobreza también es producto del egoísmo

En las últimas décadas, la Argentina sufrió una recesión cada tres años. Y cada vez que eso ocurrió, como en la actualidad, millones de argentinos volvieron a caer en la pobreza y la indigencia. Y más allá de los números fríos -que son imprescindibles para dimensionar la tragedia- también es importante tener en claro que detrás de esas estadísticas hay miles de familias que sufren la acción de sectores con cierta cuota de poder que menoscaban el progreso del conjunto de la sociedad buscando sacar provecho propio. Este comportamiento mezquino, que no duda en tomar atajos, se basa en un viejo razonamiento aplicado a la vida económica: los individuos deben competir y hacer todo lo posible por obtener los máximos beneficios posibles.
El matemático estadounidense, John Nash, especialista en teoría de juegos y premio Nobel de Economía -cuya vida inspiró la película “Una mente brillante”- demostró que en ciertas circunstancias si las personas compiten pensando solo en obtener su propio beneficio, al final todos, o la mayoría de los jugadores, pueden perder. Pero, además, mediante fórmulas matemáticas Nash explicó que cuando los individuos participan de una competencia en la que el objetivo es la búsqueda del beneficio del conjunto, aumenta en forma notable las posibilidades de que el resultado favorezca a todo el grupo.
Por su parte, el economista francés Thomas Piketty, autor del libro “El capital en el Siglo XXI”, advierte que la falta de equidad está creciendo en el mundo hasta niveles que son comparables con sociedades de hace más de 200 años, cuando la riqueza y la posición social heredadas predominaban por encima de las oportunidades. ¿Estará ocurriendo eso también en estas latitudes?
Como sociedad tenemos un desafío ingente: la dirigencia debe diseñar políticas económicas que no excluyan a millones de personas, y la ciudadanía comprender y accionar en pos de una idea más inclusiva y menos egoísta. Casi nadie puede ser feliz en una comunidad de infelices.