En el distrito de Punta del Agua, la primavera trae consigo un espectáculo único: las Casas Vivas, un proyecto que combina naturaleza, arquitectura y sostenibilidad de la mano de Alberto Polkosnik, agricultor, inventor y apasionado por la vida en armonía con el entorno.
Junto a su familia, Polkosnik lleva adelante desde hace más de tres décadas un emprendimiento singular: casas construidas con árboles vivos, un concepto que parece salido de un cuento infantil.
En un camping de la zona, álamos, sauces y otras especies fueron plantados, injertados y moldeados con el objetivo de crear espacios habitables dentro de marañas de troncos y ramas.
“Son casas hechas con árboles vivos”, explica Alberto, diferenciando su propuesta de las construcciones convencionales en bosques.
Aquí, la estructura misma son los árboles, a los que se les da forma de paredes y techos, que con el paso de los años se robustecen y permiten levantar espacios habitacionales sin necesidad de talarlos.
Las construcciones se adaptan al ciclo natural: algunos ambientes ya tienen la solidez de una vivienda tradicional, otros se completan con barro o protecciones impermeables.
Incluso hay casas de dos pisos, diseñadas en función del crecimiento de los árboles, que son quienes “indican” los pasos de la arquitectura.
El resultado es un complejo que respira vida: las casas generan oxígeno, sombra y frescura, integrándose de manera plena al ecosistema local de agua, montaña y bardas.
Ahora, en primavera, el paisaje se embellece aún más con el brote de nuevas hojas, mostrando la sabiduría de la naturaleza convertida en hogar.
Las Casas Vivas de Punta del Agua se posicionan como una alternativa para quienes buscan vivir o vacacionar de forma sustentable, disfrutando de un entorno natural y de una propuesta que mezcla innovación con respeto profundo por el ambiente.










