Con volúmenes estables pero una fuerte caída de precios, altos costos y menor inversión, el sector enfrenta un escenario complejo que impacta directamente en la calidad de la fruta y en la rentabilidad de los productores.
La producción de durazno en Mendoza atraviesa una temporada marcada por la incertidumbre, la caída de precios y un contexto económico que golpea de lleno a las economías regionales. Aunque los volúmenes de cosecha se mantienen en niveles similares a los del año pasado, los costos crecientes y la retracción del consumo interno generan un panorama poco alentador para los productores. Así lo planteó José Luis Giuliani, productor del Valle de Uco y referente de la Federación de Productores de Durazno para Industria, quien analizó la situación actual del sector y advirtió sobre las dificultades que se arrastran desde hace varias campañas.
“Hay una incertidumbre bastante importante. Estamos empezando a cosechar más o menos unas 110.000 toneladas de durazno, que es lo que arrojó el censo que se hizo desde la Dirección de Agricultura del Ministerio de la Producción, y el número no difiere demasiado del año pasado”, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 Giuliani al referirse al volumen de fruta disponible en esta temporada.
Sin embargo, al ampliar la mirada histórica, el referente sectorial recordó que la producción viene en descenso desde hace varios años. “Si nos remontamos a 6, 7 u 8 años atrás, llegamos a tener hasta 150.000 toneladas de durazno en la provincia”, señaló, al tiempo que repasó campañas recientes atravesadas por problemas climáticos y económicos. “Hubo años muy malos, con 68.000 toneladas en una temporada y 80.000 en otra, pero tanto el año pasado como el actual estamos en el techo de lo que hoy puede producir Mendoza, que ronda las 110.000 toneladas”.
Giuliani también puso el foco en la reducción de la superficie cultivada. “Se han erradicado muchas hectáreas. Antes hablábamos de más de 6.000 hectáreas en producción en todos los oasis, San Rafael incluido, y hoy ese número bajó considerablemente”, indicó, reflejando un proceso que responde, en gran parte, a la falta de rentabilidad del cultivo.
Otro de los aspectos que preocupa al sector es la calidad de la fruta, directamente relacionada con la menor inversión realizada por los productores en la última temporada. “Venimos de un año anterior con precios que no acompañaron en absoluto y eso se ve reflejado en la calidad”, afirmó Giuliani. En ese sentido, detalló que “el raleo se hizo muy rápido, hubo deficiencias en la fertilización y nadie se jugó por ponerle un poco más de agua”.

“Hay una falta de calidad total por falta de inversión”, remarcó el productor, quien además advirtió que no hay señales claras sobre los valores que se pagarán por el durazno. “No se habla de precios, no quieren largar precios, y eso genera mucha preocupación. No quiero ser mal agüero, pero no es muy buena la temporada que se avizora en cuanto a precios”.
De acuerdo con los datos del censo, alrededor del 30% de la producción se destinaría a fruta de descarte o de menor calidad. “Es un porcentaje alto para mí y eso se nota claramente en la calidad”, sostuvo Giuliani, al tiempo que puso números concretos sobre la mesa al analizar los costos. “Una hectárea de durazno, con cosecha y todo terminado, cuesta alrededor de 2.000 dólares, pero hoy estamos gastando cerca de 6.000 dólares. Eso significa que estamos entre 1.000 y 2.000 dólares para atrás por hectárea”.
El referente de FEPEDI enmarcó esta situación dentro de una problemática más amplia que afecta a distintas producciones. “El tema del durazno es incierto, como es incierto el de la uva o como fue el del ajo. Acá hay un problema de fondo que son las economías regionales”, afirmó. “Las economías regionales están mal, no hay consumo”.
Según explicó, la mayor parte del durazno mendocino se destina al mercado interno. “El 80% va al consumo nacional y el bolsillo de los argentinos todavía está deprimido, no se acomodó”, señaló, marcando la relación directa entre la caída del poder adquisitivo y la falta de demanda.
A esto se suma el aumento constante de los insumos y servicios necesarios para producir. “Los costos al productor, como fertilizantes, agroquímicos y electricidad, son cada vez más caros, y el gasoil no acompaña”, expresó Giuliani. En contraste, los precios que recibe el productor muestran una fuerte caída. “En la temporada 23-24 el durazno valía entre 400 y 420 pesos el kilogramo, y en la 24-25 bajó a 230 pesos. Es casi un 50% menos. Si a eso le sumamos una inflación de más del 30%, es claro cuánto se perdió”.
En cuanto al diálogo con el Estado, Giuliani aclaró que existe un contacto permanente con las autoridades provinciales. “Desde FEPEDI estamos en contacto constante con el Ministerio de la Producción. La Dirección de Agricultura es parte de la federación”, explicó, aunque advirtió que la problemática excede al productor primario. “El industrial tampoco está en una situación distinta. Acá hay una cuestión de fondo que hay que discutir a nivel nacional”.
En ese marco, planteó la necesidad de buscar alternativas fuera del mercado interno. “La única salida es buscar mercado afuera hasta que repunte el consumo interno”, afirmó. También reflexionó sobre los cambios en el modelo económico. “Venimos de economías protegidas. Si no tengo competencia y vivo en un estado de quietud, cuando se abren las economías y entran productos de afuera no podemos competir. Ahí empiezan a pasar todas estas cosas que lamentablemente vemos en el país”.
La temporada de durazno en Mendoza se encamina así en un escenario complejo, donde la estabilidad en los volúmenes no alcanza para compensar la caída de precios, el aumento de costos y la falta de consumo, poniendo en jaque la continuidad de muchos productores.







