En muchos países, la democracia atraviesa una etapa de profunda transformación, marcada por el desencanto ciudadano, el escandaloso aumento de la desigualdad y el avance de propuestas populistas que simplifican y polarizan el debate público. Argentina es un preocupante ejemplo palmario de ello.
La baja participación en las urnas durante las últimas elecciones celebradas en distintos lugares del país -y que podría reproducirse en Mendoza- da cuenta de una crisis de legitimidad y representación. La ciudadanía percibe que el sistema político no resuelve sus problemas ni ofrece respuestas estructurales a las crecientes desigualdades económicas y sociales. La política se vive como un espectáculo repetido, en el que las promesas electorales se evaporan rápidamente y el vínculo entre la ciudadanía y sus representantes se desdibuja.
El Estado de bienestar, que durante gran parte del siglo XX logró reducir la desigualdad mediante políticas redistributivas, fue reemplazado -interesadamente por sus promotores- por un paradigma que ensalza la innovación individual, la competencia meritocrática (¿escuchó o leyó hablar de ello?) y la desregulación (la misma que propugna el Gobierno Nacional).
Lejos de la «sociedad de semejantes» que buscaban las revoluciones democráticas del siglo XVIII y XIX, nos encontramos en un escenario donde la desigualdad no solo persiste, sino que se justifica culturalmente.
La respuesta no puede ser un simple regreso a la redistribución económica tradicional. El desafío actual es más complejo y exige una reformulación profunda del concepto de igualdad, que incorpore no solo la dimensión material, sino también las relaciones sociales y las experiencias singulares de los individuos.
Es necesario generar espacios para una ciudadanía que no se limite a votar cada tanto, sino que participe cotidianamente en la toma de decisiones, la fiscalización del poder y la construcción de sentido colectivo. Solo así será posible hacer surgir a nuevos líderes positivos y, en consecuencia, perseguir más eficazmente el bien común.





