La raza más peligrosa es la humana

En los últimos días, el ataque de –según algunos testigos– perros de raza pitbull a otros canes que han terminado muertos en nuestra ciudad, volvió a poner en el centro de las discusiones un tema que depara varias aristas para ser analizadas.
Si bien por ahora la identidad de los responsables de los presuntos perros atacantes no ha sido determinada, algunos vecinos aseguran saber quiénes son sus dueños y que no es la primera vez que ocurren hechos como el del último fin de semana, cuando varios canes –algunos callejeros y otros con dueños– habrían sido atacados por los pitbulls hasta matarlos.
Aquí anida una de las claves de la discusión: los ciudadanos que tengan la certeza o al menos estimen saber quiénes son los responsables de perros agresores, deberían pasar de la denuncia a través de redes sociales (que tiene escasa efectividad) a la notificación formal ante la Justicia, para que esta sea la encargada de tomar cartas en el asunto y, eventualmente, aplicar la ley que sanciona a aquellos que no cumplen su rol de responsabilidad.
Por otra parte, ya hemos analizado en este mismo espacio la siempre polémica calificación de “razas peligrosas” con que muchas normas y una parte de la opinión pública se refieren a especies caninas como los pitbulls. La mayoría de los especialistas veterinarios estiman en forma casi unánime que lo peligroso o no de un perro no es su raza. De hecho, los estudios más recientes indican que el comportamiento agresivo de un animal viene dado por la genética solo en el 20%, mientras que variables como la educación y la cría influyen en el restante 80%.
Finalmente, no deja de preocupar el nivel de desidia que observa una buena parte de nuestra comunidad: humanos que un día abandonaron a los perros callejeros atacados y muertos, humanos que crían de forma agresiva a sus mascotas, humanos que no toman en cuenta que así como esos perros atacaron a otros, también podrían haber atacado a una persona. Siempre humanos. De allí el título de esta columna.