La situación de los jubilados en Argentina continúa mostrando un panorama alarmante, con cifras que reflejan la distancia cada vez más amplia entre el costo de vida real y los haberes que perciben. El defensor de la tercera edad, Eugenio Semino, analizó el escenario y detalló a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que “los números son inexorables. A veces en determinados ámbitos, como la política y demás, hay interpretaciones. Los números arrojan lo que pasa en la vida cotidiana. Es muy difícil de negarnos”.
Semino recordó que la medición de la canasta básica de jubilados comenzó hace más de quince años, en un contexto en el que el Instituto Nacional de Estadística y Censos no brindaba datos confiables. “Esta canasta se empezó a realizar hace 15 años cuando había un INDEC que no suministraba buenas estadísticas”, afirmó, y explicó que se incorporaron rubros específicos de los adultos mayores que no son contemplados en otras mediciones oficiales, como el costo de la vivienda o determinados insumos de farmacia.
En cuanto a la evolución reciente, indicó que “en esa colección de muestras que se hacen, vemos que la canasta de hace seis meses, que estaba en un millón doscientos mil pesos, se fue un 26% arriba, hoy supera el millón quinientos mil pesos”. El contraste con los haberes jubilatorios resulta dramático: “Cinco millones de jubilados y pensionados están cobrando, a este momento que hablamos, un haber mínimo, con el disparate ese llamado bono todo incluido, cuatrocientos mil pesos de bolsillo”, señaló.
La situación se agrava al considerar otros sectores vulnerables. “A estos cinco millones hay que agregarle casi un millón de no contributivas de personas con discapacidad que están apenas en trescientos treinta mil pesos”, agregó Semino. Incluso las jubilaciones medias, que promedian entre setecientos cincuenta mil y ochocientos mil pesos, tampoco alcanzan a cubrir la canasta: “Tienen obviamente menos dificultades que el universo mencionado anteriormente, pero tampoco están exentos de tener dificultades”.
Uno de los puntos más críticos lo constituyen los medicamentos y productos de farmacia, que tienen incrementos muy por encima de la inflación general. “En el 2023 con una inflación del 211%, medicamentos aumentó el 300%, y en el 2024 con una inflación del 118%, medicamentos aumentaron el 200%”, puntualizó. Esto genera un efecto devastador: “La persona mayor no puede consumir el medicamento conforme las dosis que establece su profesional, su médico, sino que compra lo que puede, esto es un disparate argentino”.
Semino también se refirió a otros insumos básicos para los adultos mayores, como los productos para la incontinencia o los adhesivos para prótesis dentales. “Estamos viendo que no se pueden usar tan siquiera apósitos, bueno, eso han aumentado muy por sobre el insumo medicamento, alrededor de 30 puntos más en el semestre”, dijo, y agregó: “Los adhesivos que son muy conocidos en la marca que se promocionó hace años, han duplicado en el periodo de los seis meses, han duplicado su precio”.
El rubro vivienda constituye otro factor determinante en la canasta. “La realidad hoy es que la actual generación apenas es propietaria un 30 o un 40% de personas mayores, los demás lo alquilamos o algo que es más grave, gravísimo”, sostuvo. En ese sentido, advirtió: “Hay cientos de miles de jubilados que viven en pensiones, una habitación de una pensión, por ejemplo en Buenos Aires, verdaderas pocilgas, que son viejos hoteles que no pueden estar habilitados, esa pensión con baño compartido está superando los 200.000 pesos”.
La brecha entre los ingresos de los jubilados y el costo real de la canasta básica no solo refleja la pérdida de poder adquisitivo, sino que también muestra la vulnerabilidad de un sector que, según el defensor de la Tercera Edad, no logra captar la atención de la dirigencia política. Con incrementos constantes en los rubros esenciales y haberes que no acompañan esa evolución, el panorama se vuelve cada vez más crítico para millones de argentinos.







