La soledad no deseada y la pérdida de vínculos sociales constituyen una problemática que interpela cada vez más a las comunidades, especialmente frente al envejecimiento de la población y las dificultades económicas y sociales que atraviesan muchas familias. En San Rafael, el municipio trabaja en estrategias para fortalecer los espacios de encuentro, acompañar a las personas mayores y prevenir situaciones de aislamiento. En ese marco, el viernes 16 de octubre se realizará una jornada para reflexionar sobre esta realidad y compartir experiencias de intervención comunitaria.
Andrea Matacota, directora de Relaciones con la Comunidad de la Municipalidad de San Rafael, explicó que la actividad forma parte de un trabajo que busca comprender las distintas formas en que se manifiesta la soledad y generar herramientas para abordarla. Si bien la propuesta estará centrada en las personas mayores, aclaró que se trata de una situación que también afecta a las juventudes y que puede presentarse en diferentes etapas de la vida.
“Cuando hablamos de soledad, de la soledad no deseada, de esa sensación de que nos faltan los vínculos, que nos faltan la compañía, la cercanía, aunque haya personas alrededor”, expresó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5.
La funcionaria hizo hincapié en que no es lo mismo elegir estar solo que experimentar una soledad que surge de la ausencia de relaciones significativas. Mientras que algunas personas encuentran bienestar en momentos de tranquilidad y autonomía, otras atraviesan una situación que no desean y que puede estar acompañada por el alejamiento de sus vínculos, la falta de compañía y las dificultades para participar de la vida social.
En ese sentido, remarcó que el objetivo no es cuestionar la decisión personal de permanecer solo, sino evitar que esa circunstancia se transforme en aislamiento y pérdida de lazos. “Que las personas elijan, si desean, la soledad, pero que no sea una condición de aislamiento, de pérdida de lazos”, sostuvo.
Uno de los ejes del trabajo planteado por Matacota es el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias y, particularmente, de los centros de jubilados y jubiladas. Estos espacios cumplen una función importante en la vida de las personas mayores, ya que permiten sostener vínculos, compartir actividades y mantener una participación activa en la comunidad.
Sin embargo, la directora advirtió que estas instituciones enfrentan dificultades para sostener su funcionamiento. Recordó que en otros momentos tuvieron un lugar central en la organización de distintas actividades para sus asociados, mientras que actualmente muchas deben afrontar obstáculos económicos, entre ellos la dificultad de sus integrantes para pagar las cuotas.
“Cómo trabajamos para fortalecer ese espacio que es un espacio de encuentro para nuestras personas mayores”, planteó al referirse a la necesidad de acompañar a estas organizaciones y brindarles herramientas técnicas y de gestión.
La intención es que los centros puedan ampliar sus propuestas y facilitar la participación de quienes todavía no se han incorporado a las actividades comunitarias. Entre las alternativas mencionadas se encuentran el turismo social, los bailes y otras iniciativas recreativas que favorezcan el encuentro.
Matacota también destacó que las respuestas no dependen exclusivamente de las instituciones públicas. La articulación con organizaciones sociales y comunitarias permite ampliar el alcance de las acciones y llegar a personas que, por diferentes motivos, permanecen alejadas de los espacios de participación.
En un departamento extenso y con una población distribuida en numerosos distritos, esta articulación adquiere especial importancia. La funcionaria explicó que la dispersión territorial representa un desafío para la llegada de las políticas municipales, por lo que resulta necesario fortalecer las redes que ya existen en cada comunidad.

Las distintas formas de vivir la soledad
Por otro lado, Matacota señaló que la experiencia de la soledad no es igual para todas las personas y que las condiciones del lugar donde viven pueden influir en la manera de construir y sostener los vínculos.
Al referirse a quienes residen en zonas rurales y distritos alejados, explicó que algunas personas pueden haber desarrollado aprendizajes culturales particulares para vivir solas. En cambio, otras personas mayores que habitan en la ciudad pueden experimentar un mayor retraimiento cuando se debilitan sus relaciones sociales o aparecen dificultades para participar de actividades.
A estos factores se suman las condiciones económicas. La funcionaria advirtió que una jubilación mínima, combinada con el pago de un alquiler, puede limitar seriamente las posibilidades de sostener vínculos y participar de propuestas recreativas.
“Hoy día un adulto, una persona mayor que cobra una mínima y paga alquiler, digo, no tiene acceso a ningún otro tipo de vinculaciones”, señaló al describir una de las situaciones que pueden profundizar el aislamiento.
También mencionó casos en los que las personas mayores no tienen acceso directo a sus ingresos o encuentran dificultades para comprender los documentos que firman debido a que no tuvieron la posibilidad de aprender a leer y escribir o completar su educación.
Frente a estas realidades, explicó que el municipio articula con distintas áreas para acompañar a quienes viven en zonas alejadas y desarrollar respuestas acordes con sus necesidades. Entre las estrategias mencionó proyectos de alfabetización y terminalidad educativa, además de la organización de encuentros comunitarios y el seguimiento territorial.
El propósito es que la distancia geográfica, las dificultades económicas o las limitaciones educativas no se conviertan en obstáculos que impidan a las personas mayores acceder a sus derechos y mantener relaciones con otras personas.
Matacota advirtió que el envejecimiento de la población y la disminución de los nacimientos obligan a pensar cómo se organizarán los cuidados en los próximos años. A su entender, se trata de una cuestión que requiere planificación estatal y una revisión de las herramientas disponibles para acompañar a las personas mayores.
“Cada vez se forman menos familias, nuestras poblaciones van envejeciendo, cada vez hay menos nacimientos, por lo tanto sí vamos a tener que pensar como Estado, como instituciones estatales, cuál va a ser el proyecto para adelante”, manifestó.
En ese escenario, mencionó distintos factores que dificultan el cuidado cotidiano, como las condiciones económicas, las barreras para acceder a la salud y la escasa disponibilidad de tiempo de las familias, que deben responder a múltiples exigencias laborales.
La directora también hizo referencia a las dificultades para intervenir ante situaciones de abandono. Explicó que estos casos pueden requerir articulaciones con la Provincia y la Justicia, y señaló que considera necesario revisar los marcos normativos específicos vinculados con los derechos de las personas mayores.
En su análisis, el desafío no consiste solamente en responder cuando una situación de aislamiento ya se ha profundizado, sino también en desarrollar herramientas para detectar a tiempo a quienes necesitan acompañamiento.
Por eso, propuso fortalecer la formación de jóvenes como promotores de derechos capaces de reconocer las necesidades de las personas mayores de sus propias comunidades. Se refirió especialmente a quienes dejaron de salir a la vereda, ya no realizan las compras por sus propios medios o dependen de familiares para resolver esas tareas cotidianas.
“Necesitamos llegar a esas que todavía nos dejan, formar a nuestras juventudes para ser capaces de ver en sus comunidades, transformarse en promotoras y promotores de derechos”, expresó.
Una jornada para compartir experiencias y herramientas
La actividad anunciada se desarrollará el viernes 16 de octubre, de 9 a 12.30, en el SUM de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
Matacota explicó que el trabajo sobre la soledad no deseada se vincula con una red nacional de municipios que busca investigar la problemática, relevar información y precisar sus características. En ese proceso, se prevé realizar un relevamiento conjunto con la Universidad Tecnológica y también se mantienen conversaciones con la Cruz Roja para avanzar en la recopilación de datos y su posterior análisis a través de un observatorio.
La jornada permitirá compartir el recorrido realizado, conocer experiencias de instituciones que trabajan sobre estos temas en San Rafael y profundizar el intercambio entre quienes participan de distintas iniciativas.
“Hay que acompañar, hay que aprender a mirar y a escuchar”, resumió al explicar la importancia de comprender la soledad no deseada desde diferentes experiencias.
Para participar, se solicita completar una inscripción previa mediante el enlace que, según indicó Matacota, estará disponible en la página de la Municipalidad y en Instagram, a través del área de Relaciones con la Comunidad.


