Desde 1996, la Asamblea General de las Naciones Unidas invita a los Estados miembros a que el 16 de noviembre de cada año observen el Día Internacional para la Tolerancia. La idea de la organización es fortalecer la tolerancia mediante el fomento de la comprensión mutua entre las culturas y los pueblos. Este imperativo está en la base de la Carta de las Naciones Unidas y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y es más importante hoy que nunca, en una era en la que el extremismo y el radicalismo violentos van en aumento y los conflictos se caracterizan por un menosprecio fundamental de la vida humana.
A diario vemos, y este espacio ha reflejado esa preocupación, la innumerable cantidad de hechos de intolerancia y discriminación que observan las sociedades modernas. De hecho, la argentina, la mendocina y la sanrafaelina en particular no son ajenas a esas perniciosas conductas que lesionan el espíritu social y comunitario.
Frente a ello, la tolerancia no solo es un deber moral, sino también un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los Estados, ya que es imperioso proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de las sociedades que integramos.
Los gobiernos deben aplicar las leyes sobre derechos humanos, prohibir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías, y garantizar un acceso igualitario a los tribunales de Justicia, a los responsables de derechos humanos y a los defensores del pueblo.
Por otra parte, luchar contra la intolerancia exige educación, puesto que aquella nace a menudo de la ignorancia, del miedo a lo desconocido y de un sentido exagerado del valor de lo propio. También se requiere acceder a la información, ya que muchas veces se utilizan argumentos falaces y se miente a la opinión pública para lograr más odio entre los seres humanos. Y, sobre todo, debemos tener en cuenta que la intolerancia en la sociedad es la suma de las intolerancias individuales. Por eso, debemos examinar nuestro papel en el círculo vicioso que lleva a la desconfianza, la intolerancia y la violencia en la sociedad.





