La teoría de la estupidez y “Cambalache”

Dietrich Bonhoeffer fue un teólogo y pastor protestante, militante antinazi que pudo haber escapado de las garras de la Gestapo pero decidió dejar su residencia en Estados Unidos para volver a Alemania en 1940 y enfrentar a Hitler desde la prédica de ideas que proponían una alternativa de reconfiguración social frente a la alienación generalizada que había observado en sus connacionales.
No comprendía las razones por las cuales una nación culta, democrática y moderna como la suya había comenzado a hundirse en las cloacas ideológicas de un mesiánico que proponía una purga política y racial para recuperar el esplendor perdido.
En prisión, donde moriría en 1945 ejecutado sin juicio y sin pruebas de haber conspirado contra el Führer, escribió cartas en las que plasmó su “Teoría de la Estupidez Humana”, un desarrollo filosófico al que abrevamos para comprender la conducta autodestructiva de los pueblos cuando de elegir líderes se trata.
Según probó, la estupidez humana -entendida como necedad- no deriva del altruismo ni de las causas justas que tantas veces terminan con la inmolación de las figuras más inspiradoras del pensamiento libre, sino de una conjugación de disvalores tales como la ignorancia, la facilidad con que los ignorantes se autoconvencen de una falsa solvencia intelectual y la indetectabilidad de este proceso.
El peligro de la estupidez reside en que el estúpido (necio) no se percibe como tal, sino que siente una autosuficiencia intelectual que lo habilita a tomar posición con gestos de autenticidad.
“El real peligro de estas personas es que sus opiniones son influenciables por los medios de comunicación, que de esa forma los convierten en multiplicadores de un mensaje funcional a los totalitarios”, advertía Bonhoeffer, y concluía: “Es más peligroso el estúpido porque hace cosas en perjuicio propio que a la vez dañan a la sociedad que integra, pero las hace desde una actitud de bonhomía ingenua y con la capacidad de mutar hacia otras posiciones, con lo cual nadie espera de él una acción dañosa”.
Así eran las cosas en la Alemania de los ’40 y en la Argentina del 2025 también…