La transición demográfica en agenda: el sistema de salud frente al abismo de la baja natalidad y la inminente «crisis de los cuidados»

La estructura demográfica de la República Argentina experimenta una mutación silenciosa pero vertiginosa que obliga a reescribir de manera urgente las prioridades de la salud pública. En apenas una década, los nacimientos en el país sufrieron una contracción cercana al 47%, un desplome que sitúa a la nación bajo los niveles de reemplazo poblacional y acelera un proceso de envejecimiento social con escasos precedentes en la región.

El doctor Oscar Sagás, médico clínico, nefrólogo, especialista en gestión sanitaria y exsubsecretario de Salud de la provincia de Mendoza, trazó un crudo diagnóstico sobre este fenómeno en diálogo con FM Vos 94.5. El especialista advirtió que la caída de la natalidad, sumada a la prolongación de la expectativa de vida, está trasladando el eje de la demanda médica hacia las enfermedades crónicas, tensionando los sistemas provisionales y desencadenando una inédita «crisis de los cuidados» que el Estado y las familias aún no están preparados para absorber.

El desplome de la natalidad: Argentina en el espejo europeo

La velocidad del retroceso en los registros de nacimientos durante los últimos diez años modificó de manera drástica las proyecciones de los sistemas educativos, laborales y asistenciales del país. «Nos enfrentamos a un desafío inédito para las políticas sanitarias. La tasa de natalidad en la Argentina, a lo largo de esta última década, se ha transformado en una de las más adultas de América Latina. Hoy estamos hablando de una reducción de menos del 50% de los nacimientos en un período de diez años: pasamos de registrar 777.000 nacimientos en el año 2014 a cerca de 413.000 en el 2024. Esto representa una caída drástica del 47% en apenas una década. Es un fenómeno de escala mundial que preocupa a los organismos internacionales, ya que la tasa de fecundidad se ubicó en torno al 1,5 hijo por mujer, quedando muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional mínimo, que es de 2,1», precisó el doctor Oscar Sagás.

«Para entender la velocidad del caso argentino, basta mirar los datos de la región. En Chile, la natalidad bajó un 46,9% de nacimientos, pero ese proceso les tomó tres décadas enteras, desde 1993 hasta 2025. Nosotros procesamos esa misma contracción en tan solo diez años, asimilándonos de golpe a los patrones demográficos de los países más envejecidos de Europa», graficó.

El doctor Oscar Sagás, médico clínico, nefrólogo, especialista en gestión sanitaria, dialogó con FM Vos

Factores múltiples para un cambio de paradigma social

Las razones detrás de la postergación o renuncia a la maternidad y paternidad responden a transformaciones estructurales en la economía, el empleo y las prioridades de las nuevas generaciones. «Durante décadas, la preocupación central de los gobiernos estuvo enfocada en el control del crecimiento poblacional, pero hoy los factores que deprimen la natalidad son múltiples y profundos. Inciden directamente la incertidumbre económica general, las severas dificultades para acceder a una vivienda propia y la precarización o digitalización del mercado laboral mediante modalidades como el co-working. A esto se suma la prolongación de los estudios de grado y posgrado y la consolidación de nuevas formas de organización familiar. Los jóvenes hoy piensan diferente, priorizan sus proyectos personales y, ante la falta de un empleo estable o un techo propio, la decisión de tener hijos se posterga o se cancela», explicó Sagás.

«Esta realidad nos obliga a revisar prioridades; que haya menos nacimientos no significa descuidar la atención materno-infantil. Al contrario, exige garantizar una mayor calidad a través de redes perinatales eficientes y lo que siempre denominamos ‘maternidades seguras’, asegurando la excelencia médica aun cuando disminuya el volumen de partos», destacó.

La crisis de los cuidadores: el nuevo colapso del tejido sanitario

El incremento en la expectativa de vida genera una masa crítica de adultos mayores con patologías complejas que demandan asistencia continua, abriendo una profunda grieta en la trama social y familiar. «El envejecimiento de la población avanza con mayor rapidez que los planes de contingencia. Más adultos mayores significan, de forma directa, una mayor prevalencia de enfermedades crónicas, más necesidades de rehabilitación, un aumento exponencial en la demanda de medicamentos y una presión creciente sobre las obras sociales, prepagas y sistemas provisionales. El verdadero nudo crítico de los próximos años será la ‘crisis de los cuidados’. Hoy tenemos millones de personas que sostienen tareas de asistencia domiciliaria a ancianos sin ningún tipo de remuneración, sin capacitación técnica y, la mayoría de las veces, a costa de su propia salud física y mental», observó el exsubsecretario de Salud de la provincia.

«Históricamente las familias se organizaban internamente, pero hoy la realidad económica obliga a que todos los miembros del hogar salgan a trabajar. ¿Quién va a cuidar a una población que vive más años, pero con dependencias severas? El cuidador informal termina estresándose y enfermándose dentro del sistema. Modificar este paradigma es la agenda sanitaria urgente del siglo XXI. Debemos formalizar, capacitar y proteger la tarea del cuidador si no queremos que el sistema colapse desde adentro», planteó el experto al cierre del reportaje.