Por Roberto Battiston | Uno de los mensajes más nocivos que se ha instalado en la sociedad argentina es la idea de votar en contra. En ese esquema, poco importa el peso, las ideas o la trayectoria de los candidatos: prevalece la necesidad de canalizar la bronca acumulada.
Cuando una sociedad es abordada de manera permanente por mensajes de violencia, las urnas pueden transformarse en una vía de escape para expresar el enojo y el rechazo. Días atrás hubo elecciones en la Universidad Nacional de Cuyo y los claustros también, en buena medida, utilizaron esa lógica.
Quizás influyeron el cansancio frente a discursos vacíos, los gritos y los insultos agraviantes; las promesas incumplidas; una casta que sigue en pie, hoy más que nunca; y una corrupción que, a través de los outsiders y CEOs empresarios que hoy influyen fuertemente, se ha transformado en un colador que exprime a la Argentina con dimensiones colosales.
En la Universidad también pesó la actitud del gobernador Alfredo Cornejo, quien parece no reconocer límites al momento de respetar instituciones autónomas como la Universidad, la Justicia, el Poder Legislativo, los colegios profesionales y numerosas instituciones que hoy se han cansado de esta intromisión inapropiada.
La Universidad viene agotada en sus reclamos por el desfinanciamiento, luego de que legisladores de Mendoza votaran por mandato de su gobernador. También pesa el ataque a sus instituciones científicas, presionadas para generar dictámenes técnicos que favorezcan explotaciones mineras sin sustento ambiental suficiente. Estos factores también impulsaron un triunfo de la oposición.
Resulta preocupante, sin embargo, que una parte del padrón estudiantil continúe votando estas contradicciones, atrapada en mensajes breves de X, Instagram, Facebook y otras redes sociales, que han sido utilizadas con eficacia para distorsionar el protagonismo que la Universidad tiene en nuestro país.
Roberto Battiston
DNI. 11920754







