Aunque el perfil vitivinícola de San Rafael está fuertemente ligado a la elaboración de vinos y mostos, dentro del mapa productivo aparece una porción más chica —pero significativa— orientada a otros destinos, especialmente al consumo en fresco y a la producción de pasas.
De acuerdo a los registros de 2025, el departamento cuenta con 10.899 hectáreas de viñedos, y dentro de ese total hay 143,1 hectáreas que se destinan a uvas fuera de la vinificación.
La mayor parte de esa superficie corresponde a uvas para consumo en fresco, con 101 hectáreas, mientras que otras 42 hectáreas se orientan a la elaboración de uvas pasas.

En General Alvear el esquema es similar. Con 3.095 hectáreas de viñedos, el 2,1% de la superficie se vuelca a uvas de mesa y pasas, lo que representa 67,9 hectáreas con ese destino productivo.
En términos provinciales, el cultivo de uvas para consumo en fresco y pasas representa una fracción menor: 1,4% del total. En Mendoza se contabilizan 2.058 hectáreas de uvas que no tienen como destino la vinificación, un contraste marcado si se lo compara con la vecina provincia de San Juan, donde este segmento tiene un peso mucho mayor: allí el 29,6% de la superficie se orienta a estas variedades, con 11.736 hectáreas sobre un total de 27.924.
EL CALENDARIO DE COSECHA
En cuanto al calendario, la cosecha de uva para mesa en Mendoza suele comenzar a fines de enero y se extiende hasta marzo, dependiendo de la variedad y del clima de la temporada.
Las uvas blancas suelen abrir la ventana de recolección, seguidas por las tintas y las variedades más tardías, en un tramo del verano donde la demanda por fruta fresca suele empujar la dinámica comercial.
Más allá de su escala, este segmento muestra un costado distinto de la vitivinicultura del sur mendocino: una producción que se mueve con otros tiempos, otros canales de venta y un consumidor final que busca la uva directamente para la mesa.







