La vitivinicultura en jaque: el reclamo de uno de los mayores referentes del sector por falta de crédito e inversión

Con la autoridad que le confieren décadas de liderazgo en la industria, José Alberto Zuccardi, director de Familia Zuccardi, analiza el presente de un sector que define como atrapado entre una estructura impositiva asfixiante y la ausencia de financiamiento. Para el empresario, la crisis actual no es solo una cuestión de mercado, sino el resultado de un esquema monetario que ignora los ciclos biológicos de la tierra. En una charla profunda con FM Vos 94.5, advierte sobre las campañas globales contra el vino y defiende su lugar histórico como bebida y motor de socialización.

El quiebre de los equilibrios: stock y finanzas

Para Zuccardi, el momento actual de la vitivinicultura está marcado por una distorsión financiera que castiga al eslabón productivo y altera la lógica de la oferta. «Estamos en un momento complejo porque se han roto los equilibrios entre el stock y la demanda. En una actividad anual como la nuestra, cuando llegas a la cosecha ya gastaste todo en el viñedo; luego elaboras y tienes 18 meses para vender. Ese esfuerzo financiero es enorme. Con las tasas positivas de este último tiempo, el productor sufre porque las empresas, en lugar de anticipar compras de stock, prefieren tener el dinero trabajando en las finanzas», explicó al principio del reportaje.

«Esto genera una sobreoferta que baja los precios. Lamentablemente, se pierde mucho capital social por políticas que cuidan más un esquema monetario que la producción misma», expresó al respecto.

José Alberto Zuccardi, director de Familia Zuccardi, analiza el presente del sector

El desafío de la inversión y la sustentabilidad

El estancamiento de los precios que percibe el productor primario —pisados desde hace casi tres años— representa, según el referente, el principal obstáculo para la modernización necesaria del sector. Esta falta de rentabilidad no solo afecta el presente, sino que hipoteca el futuro de las fincas mendocinas.

Dentro de ese contexto, la incapacidad de financiar el cambio estructural es una de las mayores preocupaciones de Zuccardi. «Muchos productores necesitan mejorar su estructura y producir más para bajar costos, pero eso requiere inversión de largo plazo. Cuando plantas un viñedo, necesitas cuatro años para empezar a producir. Estamos hablando de que la planificación previa es importante: los sistemas de riego, el tipo de planta que uno utiliza… El mayor de los problemas hoy es la falta de herramientas para financiar esos cambios que son necesarios», consideró.

En cuanto a la relación entre precios en góndola y rentabilidad, advirtió sobre una paradoja que sostiene el consumo a costa del productor: «El vino en la góndola está competitivo y eso ha hecho que los despachos se mantengan; incluso las ventas reales medidas por consultoras como Scentia subieron un 6,6% respecto al año anterior. Sin embargo, esos bajos precios se logran a costa de la rentabilidad del eslabón primario. Necesitamos políticas activas de financiación y una reducción urgente de la carga impositiva, que es muy alta para una actividad tan formalizada y ‘blanqueada’ como la nuestra», enfatizó.

La puja por el lugar en la mesa: el vino frente a las bebidas industriales

Más adelante, Zuccardi no dudó en señalar que la caída del consumo global no responde solo a factores económicos, sino a una campaña orquestada por intereses contrapuestos. «Hay una campaña global en contra del alcohol que incluye al vino de forma malintencionada. Para nuestra cultura, el vino es un alimento que acompaña las comidas. Hoy, influencers financiados por las bebidas azucaradas y las cervezas ‘cero’ agitan sobre la toxicidad del alcohol, pero no dicen nada del jarabe de maíz de alta fructosa que causa obesidad infantil, ni del ácido fosfórico o los colorantes artificiales de las gaseosas», indicó.

«Es un ataque económico para robarnos el lugar en la mesa. El vino ha acompañado al hombre por 8.000 años y es un hecho social: nos une y fomenta la socialización en un mundo que sufre de soledad», definió.

Políticas de Estado y diversificación

Ante la consulta sobre la necesidad de intervención estatal, destacó la importancia del acuerdo entre Mendoza y San Juan, aunque con matices sobre su ejecución. «El acuerdo por el cual se diversifica una parte de la producción hacia jugo, pasas o exportación es una señal interesante. Nuestra opinión es que se debió fijar un porcentaje de diversificación un poco mayor para acelerar el consumo de los stocks. Pero insisto: si no se le da una solución al tema financiero, las actividades productivas van a seguir cayendo», subrayó.

«El productor que no está integrado es el que más sufre; aquel que logra elaborar y llegar al mercado tiene al menos la expectativa de revertir la situación. Desde COVIAR siempre planteamos que la integración es la única salida real para el eslabón más débil», declaró al cierre de la comunicación.