La vitivinicultura enfrenta un futuro incierto por la caída en el consumo y la falta de competitividad

La industria vitivinícola argentina enfrenta un período de incertidumbre. Los últimos datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) reflejan una tendencia preocupante, con una baja en las ventas tanto en el mercado local como en las exportaciones.
Los representantes del sector coinciden en que esta situación se debe a múltiples factores, y todos reconocen que la rentabilidad de bodegas y productores está bajo una presión considerable.
Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), analizó los desafíos que enfrenta la industria mientras que describió un panorama un tanto sombrío para la actividad en general.
«El mercado interno ha registrado una caída del 0.8% en lo que va del año, una cifra que, aunque no parece dramática, se ha acelerado en los últimos meses. El principal motivo es la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores, quienes están reemplazando productos como el vino por bienes de primera necesidad», dijo Villanueva a FM Vos 94.5.
«El consumo de vino muestra una tendencia global a la baja, ya que los segmentos de bebidas no alcohólicas están ganando terreno. Estamos ante un cambio de hábito muy complicado, es a nivel mundial,» afirmó.
«Por su parte, la presión económica ha llevado a un cambio en la composición de las ventas. El vino varietal embotellado ha crecido porque se ofrece a precios muy bajos, lo que lo acerca al costo del vino en tetra pack», añadió.
Exportaciones
en baja y falta
de competitividad
Más adelante, Villanueva confirmó que el panorama en los mercados externos es igualmente difícil. «La sobreoferta global de vino ha generado que países como España y la Unión Europea opten por estrategias drásticas, como las cosechas verdes (la destrucción de la uva) para reducir la producción. Si bien la industria argentina puede diversificar a mosto, la caída en los mercados de vino fraccionado (embotellado) es especialmente preocupante», remarcó.
«A los desafíos globales se suman problemas internos de Argentina, como la permanente falta de competitividad, los altos costos tributarios y la inestabilidad del tipo de cambio», agregó al respecto.
El productor,
la variable de ajuste
de la cadena de valor
Para Villanueva, la crisis está afectando a toda la cadena de valor. «El sector industrial, en un intento por mantener la rentabilidad, tiene como variable de ajuste al sector productivo, es decir, a los viñateros. Sin embargo, esta estrategia es insostenible, se está trasladando el capital del viñatero al consumidor», advirtió.
«El pago de precios por debajo de los costos de producción no solo lleva al quiebre de los viñateros, sino que también termina afectando la rentabilidad de las propias bodegas. Cuando toda la cadena se tira hacia abajo, no solamente pierde el viñatero, también pierde el bodeguero,» explicó.
Asimismo, el especialista también señaló un cambio en el perfil de los empresarios vitivinícolas. «Muchos referentes de la actividad son ahora empresas con sede en Buenos Aires o multinacionales que tienen políticas de corto plazo. Esta falta de compromiso con el territorio agrava la situación, ya que el productor de uva, que asume todos los riesgos, se ve en una situación cada vez más vulnerable», observó.
«El sector necesita realizar una fuerte reflexión para encontrar un punto de equilibrio y evitar la erradicación masiva de viñedos, una situación que ya ha afectado a la fruticultura», concluyó.