Las dudas que surgen tras un temblor de magnitud

Vivimos en una zona sísmica. Es una circunstancia que quienes vivimos en este lugar conocemos desde que comenzamos a tener uso de razón. Asimismo, desde los primeros años de nuestra vida a quienes habitamos este inestable suelo se nos aconseja cómo actuar y qué recaudos tener a la hora de un movimiento telúrico. La “cultura sísmica” ha ido insertándose en nuestras mentes al punto que hoy por hoy es difícil que algún sanrafaelino no sepa –al menos en la teoría– cuáles son las conductas y cuidados que deben observarse ante ese tipo de fenómeno natural.
El temblor que se registró el último lunes cerca de la medianoche, con epicentro en la provincia de San Juan (de 6.8 grados en la escala de Richter) y que pudo percibirse en Mendoza y San Rafael puntualmente, volvió a recordarnos nuestra característica telúrica y, con ello, varios hechos y preguntas se reiteraron.
Cuando un temblor se produce, se recuerdan algunos consejos preventivos a tener en cuenta en esos momentos y es destacable la insistencia de los especialistas en armar una mochila de emergencia compuesta por elementos que se utilizarán horas después de un eventual terremoto. Por otra parte, y ante la viralización de mensajes que anunciaban un sismo catastrófico para horas después del percibido, desde el Instituto Nacional de Prevención Sísmica reafirmaron la imposibilidad de predecir este tipo de movimientos e intentaron llevar calma a la sociedad, asegurando que se trata de acontecimientos “poco frecuentes”.
Lo cierto es que cada vez que la tierra se mueve, la pregunta que surge es si las estructuras emergentológicas y sanitarias locales están preparadas para una situación catastrófica. Más aún en este momento de pandemia. Los responsables sostienen que el interrogante tiene una respuesta según la magnitud del hecho. No obstante, y ante las características geológicas referidas, San Rafael debería contar con un protocolo de trabajo y los recursos para hacer frente a un hecho grave –más allá de que el mismo se produzca o no– a fin de evitar que una desgracia se transforme en otra mayor.

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