Las enseñanzas que aún no nos deja la pandemia

Hace exactamente un año, en este mismo espacio, publicábamos una nota editorial titulada “Algunas enseñanzas que (ojalá) deje la pandemia”. En aquella oportunidad, con el Covid-19 esparciéndose por el mundo y recién llegado a estas tierras, estimábamos que la experiencia podría depararnos “algunas enseñanzas” a los seres humanos.

La nota afirmaba que “las sociedades actuales tienen más vasos comunicantes de lo que la mayoría de las personas se imaginan” y que allí existía una clave para “aprender y aprehender la actitud de sumar voluntades en lugar de alentar las divisiones entre los seres humanos en general y entre los argentinos en particular”.

También planteábamos que nuestro país debía prepararse “para transitar el después de la pandemia y será entonces el momento de encontrar un camino que, aunque sinuoso, logre conciliar los intereses de los distintos sectores, sin dejar a nadie afuera”. En ese sentido, se destacaba “la imagen de los principales referentes del Gobierno nacional, de la Provincia de Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires brindando juntos los mensajes a la población a pesar de sus diferencias políticas”, algo que evaluábamos como “un gesto alentador”. “Lo mismo sucede –decíamos hace un año– en muchos distritos, donde los gobiernos provinciales coordinan tareas con los municipios más allá de los partidismos”.

A un año de aquella nota, la realidad muestra que lo que destacábamos como positivo ya no existe en la práctica y que, sobre todo, las diferencias sectoriales le han torcido una vez más el brazo a la idea del trabajo mancomunado frente a una desgracia inédita.

Hace un año estimábamos que “esta pandemia puede ser una oportunidad para comprender que no se puede seguir con los individualismos llevados al extremo. Es de esperar que comprendamos que la historia no hace concesiones y que ésta es una oportunidad para comenzar con la construcción de un mundo y un país con más solidaridad y que sea mejor para todos”. A pesar de lo ocurrido en estos meses y aunque parezca utópico, aún mantenemos la esperanza.