Patricia Raguza y Giuliana Pringles son madre e hija. Buscando generar un cambio positivo en sus vidas, y también en el mundo, las mujeres de 53 y 28 años, respectivamente, decidieron dejar atrás sus rutinas y su zona de confort, para ir por aquello que siempre soñaron: emprender juntas.
Tras años de mucho trabajo y esfuerzo, y con la intención de crear un espacio “agradable” para los feriantes, abrieron “El Ciclo Vintage”, su primer local de moda circular. Actualmente, aseguran sentirse afortunadas por tener la posibilidad de dedicarse a lo que aman, y remarcan que la clave de su éxito en redes está en “contagiar esa pasión”.
“El tiempo es relativo. Mi mamá empezó a emprender con casi 50 años“, aseguró Giuliana, rememorando aquella popular frase que señala que nunca es tarde.
El Ciclo Vintage nació a partir de la necesidad de un cambio. En aquel entonces, Patricia tenía un almacén y estaba cansada de trabajar de aquello que no le gustaba. Giuly, en cambio, estudiaba Diseño de Indumentaria y anhelaba generar un impacto positivo en el mundo.

“Quería dedicarme a lo que amaba, pero generando aquel cambio positivo que siempre quise ver en el mundo. Desde chica me ha interesado mucho lo que es cuidado del medioambiente, y sabía que la industria de la moda es la segunda más contaminante”, explicó la joven, en diálogo con El Sol.

De esta manera, madre e hija acordaron abrir paso a un nuevo camino.
Ante todo, ganas
“Con lo que teníamos y podíamos, pero con muchas ganas“, así describe Giuly los inicios de El Ciclo Vintage.
Sin plata para invertir, las mujeres buscaron la ropa que tenían en su placard, y sumando un perchero de pallets que les armó el padre de la joven, arrancaron con las ventas.
“Por una cuestión de necesidad económica y por querer dedicarnos a lo que nos gustaba, empezamos así. En un principio, Pato seguía con el almacén porque necesitábamos comer. Ella ahí plancha y cosía botones. Yo, mientras tanto, intervenía las prendas en la casa“, contó la emprendedora.

De esta manera, las mujeres “feriaban” por todos lados, hasta que un día las llamaron de un café para ir de manera permanente.
“Cuando arrancamos íbamos a feriar a todos lados. Entre semana, íbamos a las cafeterías y pedíamos lugar para feriar ahí. Un día se comunicaron con nosotras desde un café y ahí quedamos fijas, feriando algunos días de la semana y los fines de semana”, agregó.
El primer local
Sobre aquella época en las que se levantaban a las 6 de la mañana y regresaban a su hogar a las 12 de la noche, Giuliana asegura que la recuerdan con cariño, pero manifiesta que hubo situaciones en las que la pasó “muy mal”, que la impulsaron a crear un lugar con ambiente amigable para los emprendedores.
“No a todas las personas que organizan ferias les importÁs como emprendedoras. A veces te encontrás con organizadores que lo único que les importa es la plata. Un día de hartazgo e impotencia, fuimos con mi mamá al banco y sacamos un préstamo para alquilar nuestro propio local. Queríamos algo grande para que la gente que estuviera ahí, realmente le fuera bien, vendiera y pasara un buen rato“, contó.

Actualmente, el local de El Ciclo Vintage está ubicado en la calle Vicente Zapata 218 y, además de atender a diario, también organizan las “altas ferias“, que se hacen variaS veces al mes y suman emprendedores.
El éxito en redes
Con más de 35.000 seguidores en su cuenta de Instagram, madre e hija comunican a diario parte del mundo de la moda circular.
Su objetivo no es solo informar a las clientas sobre las próximas ferias o productos disponibles, sino también difundir “la cara visible” o quienes están detrás de la marca.
“Tenemos muchos seguidores en redes porque hace casi siete años que sostenemos el proyecto, y además, por la forma en la que comunicamos. Lo que mostramos en las redes, es lo que somos“ aseguró Giuliana.
Y concluyó: “Cuando vez a alguien que hace algo, y ama eso que hace, contagia e inspira. No lo digo solo como creadora, sino también como consumidora. Es hipnótico ver a personas haciendo lo que aman. La pasión les sale por los poros. La energía y las ganas de crecer, contagian“.
Fuente: El Sol







