Las varias crisis de confianza y legitimidad

El presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Carlos Rosenkrantz, tuvo duros conceptos para con el Poder Judicial que él mismo encabeza durante el acto de apertura del año judicial celebrado en el Patio de Honor del Palacio de Tribunales el último martes.
A lo largo de la media hora que duró su discurso, Rosenkrantz apuntó al estado crítico de la justicia y habló de la fuerte crisis de legitimidad que atraviesa el Poder Judicial. «Toda crisis de legitimidad es en gran parte una crisis de confianza», sostuvo. «Los argentinos están perdiendo la confianza en el Poder Judicial. Hay dudas de que nos comportamos como verdaderos jueces de una democracia republicana. Se empieza a generalizar la sospecha de que servimos a intereses diferentes al derecho», agregó.
Lo dicho por el presidente del máximo tribunal nacional fue tomado con sorpresa por algunos analistas poco acostumbrados a ese tipo de autocríticas de parte de los integrantes de uno de los poderes del Estado, generalmente afectos a las excusas y el “lavado” de culpas. En este sentido, y a tenor de sus declaraciones de ocasión, el resto de los integrantes de los poderes públicos muchas veces –demasiadas- endilgan las responsabilidades de las cosas que se hacen mal a cualquier otro que encuentren a mano. Esas crisis de legitimidad y confianza de las que habló Rosenkrantz se extienden por toda nuestra sociedad. La desconfianza en la clase dirigente y entre los mismos integrantes de la sociedad civil es una realidad que pareciera tener su confirmación en los magros resultados que obtenemos en la persecución de la evolución como país. Desconfiamos y deslegitimamos y casi siempre la realidad nos da la razón.
Lo más preocupante de todo es que esas desconfianzas están basadas en que nos hemos convertido en un país donde todo es posible, incluso – y muchas veces- lo ilegal o lo inconveniente. Sobre esa insegura base es poco probable construir algo sólido, mucho menos una nación.