Lawfare, poderes y ciudadanía

Tiempo atrás, en este mismo espacio, nos referíamos a la polémica “doctrina Irurzun”, aquella construcción jurisprudencial aplicada masiva y en ocasiones exageradamente por el camarista Martín Irurzun y otros jueces federales que propiciaba las prisiones preventivas de ciertos imputados en presuntos casos de corrupción en la función pública.
En esa ocasión también destacábamos cómo los resultados electorales (los de las PASO primero y los de las generales del 27 de octubre después) hicieron evidente un llamativo cambio en la actitud de los magistrados que tienen a su cargo dichas investigaciones, cómo la doctrina mencionada comenzaba a ser dejada de lado y cómo, ante ello, recuperaban su libertad con llamativa prontitud quienes hasta entonces habían estado detenidos durante un tiempo prolongado.
El tema podría enmarcarse en lo que modernamente se llama “lawfare”. Literalmente, el término describe un método de guerra no convencional en el que la ley es usada como un medio para conseguir un objetivo militar. Ahora, “lawfare” es utilizado para definir el uso indebido de instrumentos jurídicos para fines de persecución política, destrucción de imagen pública e inhabilitación de un adversario político. Así, con acciones aparentemente legales que cuentan con una amplia cobertura de la prensa, se presiona al acusado y a su entorno, de forma tal que este sea más vulnerable a las acusaciones, aun cuando no existan demasiadas pruebas en su contra. El objetivo de la maniobra es lograr que el “enemigo” pierda apoyo popular para que no disponga de capacidad de reacción.
Los tiempos modernos en todo el mundo, pero en América Latina con particular puntualidad, muestran las permanentes y no siempre saludables relaciones que se dan entre el poder político partidario (sea del signo que sea), las maquinarias judiciales y los medios masivos de comunicación. Saber observar y poder discernir si ese entramado es genuino, en la búsqueda de una mejor república, es deber de la ciudadanía. Y es, además, casi la única herramienta con la que contamos.