Los jueces no hallaron pruebas para afirmar que Silva quiso matar a Genaro Fortunato

Como había quedado pautado el día del veredicto contra Julieta Silva por la muerte de Genaro Fortunato, el tribunal de los jueces Rodolfo Luque, Eugenia Laigle y Julio Bittar, al quinto día hábil del fallo, entregó los fundamentos de éste, y detallando –a lo largo de 62 páginas– las hipótesis con que la causa se elevó a juicio (homicidio simple y homicidio culposo agravado), las conclusiones de las partes en los alegatos y finalmente las consideraciones de los jueces por las que unánimente penaron a Silva con 3 años y 9 meses de prisión bajo la condición de arresto domiciliario.
En primera instancia, después de exponer las pruebas incorporadas en el expediente y de detallar las conclusiones de las partes en sus alegatos, el tribunal consideró que “no advertimos de la prueba incorporada el conocimiento requerido para considerar la presencia de una conducta dolosa por parte de la imputada” y agrega: “el dolo no se presume, sino que hay que probarlo”.
“No es posible atribuir al comportamiento de Silva el dolo propio del delito de Homicidio Simple, ni aún el llamado dolo eventual. El dolo actualmente es definido como ‘conocimiento efectivo del tipo objetivo’, es decir, debe estar presente el conocimiento de que se está dando muerte a otro. En nuestro caso, se exige la prueba de que Silva sabría que Fortunato se encontraba tendido sobre el carril oeste de calle El Chañaral y que con este conocimiento arrolló su cuerpo con el vehículo”, añade el tribunal.
“El Ministerio Público y la querella concluyen en que ‘no pudo no haberlo visto’, pero no como la ley penal exige ‘que lo haya visto efectivamente’. Pues el conocimiento exigido para la determinación del dolo debe ser real y efectivo, más nunca potencial”, aseveraron los jueces.
“No es posible –en relación a la discusión que mantuvo Fortunato con Silva- extraer algún tipo de motivación que derivara en una conducta homicida dolosa por parte de la imputada”, añaden los magistrados, quienes además consideran que la versión de Silva acerca de que Genaro quería volver a pelear con uno de los mellizos Maure “está apoyada por la prueba incorporada” y alude a varios testimonios que dieron cuenta del incidente y a que la salida de Fortunato y Maure fue con apenas segundos de diferencia.
Respecto al estado de emoción violenta que halló el fiscal Fernando Guzzo en la conducta de Silva, el tribunal no compartió esa conclusión al aseverar que “no se desprende de la prueba incorporada la presencia de algún otro incidente entre Genaro y Julieta que haya colocado a la misma en dicho estado emocional” e invocan al video de la cámara de seguridad de Mona: “la actitud de Silva era de contención y cariño” y también descartaron –a instancias del testimonio de Agostina Quiroga (ex pareja de Genaro) – “un mensaje de Whatsapp donde expresara que estaba embarazada de Fortunato ni tampoco lo hizo alguien de su entorno”.
“Coincidimos con el doctor Tíndaro Fernández cuando con acierto señala que existió una discusión, pero de ningún modo se puede afirmar que estemos en presencia de un estado de emoción violenta”, añadieron.
Por otra parte, los jueces consideraron que a partir de los informes psicológicos practicados sobre la personalidad de Julieta Silva no puede inferirse que la imputada quiso matar a Fortunato. En virtud de esto, el tribunal determinó que no existen pruebas que unan la personalidad de Julieta con la muerte de Fortunato. Refiere, en esa misma parte de los fundamentos, a dichos del ex de Silva, Pablo Tabanera, quien dijo que “no es una persona violenta”.
“Acierta Cazabán –dice el tribunal- cuando afirma que la conclusión del señor fiscal es contradictoria, por cuanto resulta incoherente afirmar que el estado de ira o emoción violenta duró unos pocos segundos y que desapareció en forma inmediata cuando decidió llamar al 911”.
En relación a las discrepancias surgidas entre la declaración de Silva y el cuidacoches Ariel Aksenen, por ejemplo, en el caso de la ventanilla, que la imputada sostuvo que estaba cerrada y el trapito “un poco abierta”, los jueces consideraron que “las diferencias no resultan sustanciales y de ninguna manera permiten afirmar, como deducen el fiscal y querellante, que Silva conocía el momento en que Genaro cayó al suelo”. “Las diferencias apuntadas no nos autorizan a inferir que Julieta Silva haya visto el momento en que Genaro cayó” y en ese sentido –más adelante en sus conclusiones- los magistrados indicaron que “los testimonios de Aksenen, Matías García y Héctor Ontiveros no nos permiten afirmar, como lo sugieren Guzzo y Fernández, que Silva conocía que Fortunato estaba tendido en el sector oeste de calle El Chañaral”.
En beneficio de Silva, los jueces tuvieron en cuenta –al momento del hecho- la incidencia de los factores climáticos (nocturnidad, llovizna constante, neblina), condiciones del rodado (vidrios empañados y polarizados), personales de la imputada (astigmatismo y cansancio), escasa iluminación del lugar y elevado nivel de alcohol (tanto de Silva como de Fortunato). “Esas condiciones, no sólo surgen del relato de la propia imputada, sino también de la prueba objetiva”, afirmaron.
El tribunal, al descartar la intención de Silva de matar a Genaro Fortunato, no consideró el agravante por relación de pareja, puesto que se trata de una figura aplicable al dolo directo o eventual.
En conclusión, el tribunal –a instancias de las pruebas analizadas– consideró que el accionar de Julieta Silva “encuadra en la figura de Homicidio Culposo Agravado” y sostiene que “Silva tuvo una conducta imprudente y antirreglamentaria” al momento de haber arrollado a Fortunato y argumenta –esa situación- aludiendo a que “emprendió la conducción del rodado sabiendo que hay una persona corriendo a su lado para que no se vaya y la conoce y sabe su estado de intoxicación alcohólica, sumado que al hacerlo lo hace sin lentes para la corrección de su patología visual, pese además a las condiciones climáticas imperantes, las condiciones del rodado (vidrio empañado y polarizado), lo que constituye claras omisiones del deber objetivo de cuidado propio del delito imprudente, implicando ‘la creación de un riesgo no permitido’”.
Para los jueces, Silva desobedeció cuatro mandatos legales: condujo bajo efectos del alcohol, condujo sin cuidado ni prevención, no desempañó los vidrios y condujo sin los anteojos recetados ante su patología visual cuando su licencia de conducir así lo establece”.

En base a lo expuesto, el presidente del tribunal, Rodolfo Luque, afirmó lo siguiente: “no cabe duda que, en las condiciones descriptas, la acusada no sólo debió extremar las precauciones de circulación, lo que claramente no hizo, sino que incluso no debió emprender la conducción en esas condiciones. No solo no aumentó los niveles de cuidado, sino que además desatendió la calzada, avanzando por ella con distracción, sin mirar hacia adelante con detenimiento, lo que le impidió ver el cuerpo de Genaro recostado en medio del espacio destinado especialmente a la circulación vehicular. Es la misma Julieta Silva quien reconoció que miraba hacia el costado izquierdo

Leé las 62 páginas a continuación (la carga del documento dependerá de la conexión de internet):

 

Fallo Julieta