Linchamientos: otro aplazo social

Semanas atrás, en Comodoro Rivadavia, un grupo de personas mató a golpes –después de haberle incendiado la casa– al padre de un joven acusado de haber abusado sexualmente de un nene de 12 años. Horas después, la víctima declaró que el acusado no era el responsable de la agresión. Días más tarde, la Policía detuvo a un joven que el nene abusado reconoció como el verdadero culpable: era uno de quienes había instigado el linchamiento.
El linchamiento o la mal llamada “justicia por mano propia” –que de justicia tiene poco, como se observa en el caso mencionado y en tantos otros- ha ido creciendo en frecuencia y virulencia no solo en nuestro país, sino en toda la región. Muchas veces, la reacción popular violenta y descontrolada está disparada por rumores o noticias falsas circulantes en redes sociales e, incluso, en los medios de comunicación tradicionales.
La sensación de impunidad y la falta de confianza en la Justicia, la discriminación, el temor o la intolerancia contra el distinto, la descomposición del tejido y los lazos sociales, todo –y varios motivos más– conspira para la espiralización de esta moderna forma de venganza, en la que poco importan la ley, las instituciones o los distintos estamentos de una sociedad que pretende ser organizada.
En este espacio ya ha quedado dicho: la violencia ciudadana utilizada para reprimir ilícitos no deja de ser otro hecho que, además de irracional e ilegal, invierte los valores que deberían animar a nuestro cuerpo social. Así, los pretendidos justicieros se convierten –consciente o inconscientemente– en nuevos delincuentes, tal como aquellos a quienes pretenden “reprender”.
Esta perniciosa lógica no debería extenderse en nuestra sociedad. En pos de lograrlo, todos debemos aportar: las autoridades brindando las condiciones de seguridad y justicia que imponen los tiempos que corren, la ciudadanía sometiéndose a las instituciones y a las leyes; y hasta los medios de comunicación, tratando de no insuflar ánimos de venganza en una comunidad tan inflamable como la nuestra.