El arranque del Mundial 2026 llegó acompañado por una fuerte campaña de la FIFA que exhibe estadios con paneles solares y tecnologías eficientes, pero esa imagen choca con advertencias científicas: el torneo podría convertirse en el más contaminante jamás registrado. El contraste entre glamour y huella ambiental es el eje del debate público.
Las estimaciones científicas elevan la marca de emisiones a entre 7,8 y 9 millones de toneladas de CO2 equivalente, pese a la presencia masiva de renovables en los recintos. El dato más revelador es que el transporte aéreo aportaría alrededor del 87% del total, lo que relativiza cualquier ahorro conseguido por los estadios.
Las distancias entre sedes, el principal problema ambiental
A diferencia de Qatar 2022, donde las sedes estaban muy cercanas, la decisión de repartir partidos entre Estados Unidos, México y Canadá amplificó la logística. Esa dispersión continental es, según expertos, la principal fuente del problema: multiplicó vuelos y traslados internos necesarios para que equipos y simpatizantes cumplan con el fixture del Mundial 2026.
Además está el consumo en tierra: el verano norteamericano obliga a recintos cerrados —como Houston, Dallas y Atlanta— a activar sistemas de climatización masivos. Mantener condiciones de juego y confort para decenas de miles de espectadores implica picos eléctricos históricos, que compensan en buena medida el supuesto beneficio que aportan los paneles solares.
El debate sobre el “Mundial verde” y las emisiones de carbono
Organizaciones ambientales sostienen que promocionar un “Mundial verde” apoyándose solo en la eficiencia de los estadios es un claro caso de lavado de imagen ecológico. La expansión a 48 selecciones, motor de ingresos para la FIFA, multiplicó partidos y sedes, y anuló parte de cualquier ganancia ambiental al exigir mayor descentralización y más desplazamientos internacionales.
El cálculo por asistente también revela la magnitud del daño: con la dispersión actual, cada hincha podría emitir hasta cuatro veces más gases de efecto invernadero solo en traslados internos entre sedes de Estados Unidos, México y Canadá, en comparación con torneos previos donde los viajes eran más acotados y concentrados en una misma región.
Fuente: Radio Mitre







