Los 90 años de vida del pintor que da nombre al Museo Omar Reina

El día lunes, María del Carmen Márquez, historiadora de arte, felicitó a través de los micrófonos de FM Vos (91.5) al artista y docente Omar Reina por su cumpleaños 90. Por la tarde, en la casa ubicada en el Barrio Policial, donde una placa da la bienvenida: “Aquí vive Omar Reina, destacado artista plástico, maestro y gran referente cultural de la Provincia”, sus hijos, nietos y allegados le prepararon un agasajo. A la cabeza de la mesa, con una torta azul y un nueve y un cero plateados de frente, estaba sentado él y a su lado su querida esposa, Rosa.
Omar carga consigo el secreto de la sabiduría. Calla sus virtudes y los demás hablan y hablan: “el suegro de María del Carmen tomó clases de dibujo con el Maestro”; “¿Qué has sabido de José Bermúdez (pintor, dibujante y grabador sanrafaelino)?”; “Luis Quesada (por quien llegó a San Rafael) aún está vivo”; “Roberto Rosas (escultor mendocino) fue una maravilla y ya no está”; “se supo del buen proceder de Rafael Mauleón padre (poeta)”; “Rosa es profesora de Música, tocó en el Conservatorio Nacional y traía bailarines que interpretaban música clásica”.
Su voz meliflua, nítida y firme se escucha cuando habla de su infancia a través del cuadro “El Invierno”, en homenaje a sus padres, donde recuerda que pudieron sobrellevar la pobreza. Este pintor nació en Guaymallén un 11 de junio de 1928, su padre fue pintor y decorador y, además, quien le enseñó el oficio. Un flash se le vino a la cabeza y evocó que él, siendo muy joven, antes de recibirse, llegó a pintar paredes en el centro de Mendoza. Y más tarde, cuando llegaron a San Rafael, dice que no fue fácil y que su esposa, la luz de sus ojos, ha pasado por enfermedades y operaciones. Ellos se conocen desde la Universidad. Cuando él se recibió, hizo un cuadro con ella de modelo. La conquistó sin palabras, solamente con la mirada.
Siendo estudiante de primaria, obtuvo una beca para estudiar en la Academia Provincial de Bellas Artes. Allí conoció a los artistas de la época que luego fueron sus maestros en la Universidad: Antonio Bravo, Roberto Azzoni, Sergio Sergi, Roberto Cascarini, entre otros, una generación que se formó en la Academia y que la remaron estudiando por años.
Después de hacer el servicio militar por 15 meses y haberse portado mal, quiso trasladarse a Buenos Aires y no le gustó. Se mudaron a San Rafael por Luis Quesada, quien le dijo que la señora Hortensia de Vásquez había creado una academia de dibujo y necesitaban un profesor. Así, un 17 de julio de 1954, lo esperaba todo un grupo de gente que quería estudiar. Empezó a viajar todas las semanas tres días y volvía, hasta que decidieron quedarse para el año 1957. “La bohemia no la hice en Francia, ni en ninguna parte, la hice acá”, expresó. A pesar de que le habían otorgado una beca para que estudiara en el país galo, su decisión fue no, porque corrían el riesgo de que se deshiciera la familia. Para ese momento ya tenían dos hijos.
Este hombre ha vivido para pintar. Es buen dibujante, sólo él conoce una base secreta que hace que los cuadros mantengan su luz por más de 40 años. Ha realizado más de 100 obras, le gustan los naranjas, los azules y los violetas. Ha recibido innumerables distinciones y entre ellas que un Museo lleve su nombre. Por ahora no pinta, no encuentra un aliciente, las preocupaciones por salud son grandes. Si uno pasea por la Cámara de Comercio, podrá ver un vidrio pintado al revés, pero no, fue una puerta que le encargó el escribano Vásquez, a finales de los 70, y representa el desarrollo de San Rafael: El Nihuil, chorros de agua.