Durante el fin de semana, el papa Francisco instó a luchar contra la «vieja costumbre» de encubrir los abusos a menores durante su discurso a la Asociación Meter, que desde 1989 lucha por la protección y la defensa de los niños abusados y maltratados en el mundo.
«Tenemos que luchar contra esta vieja costumbre de encubrir», subrayó el Pontífice, para luego señalar que hoy en día se ve cómo, a menudo, en las familias, la primera reacción es tapar todo. Y añadió que en otras instituciones, incluso en la Iglesia, siempre está ahí esa costumbre. Además, Francisco tachó al maltrato infantil de «asesinato psicológico» y, en muchos casos, un «borrado de la infancia».
Por ello, Francisco insistió en que la protección de los niños contra la explotación sexual «es un deber de todos los Estados, que deben identificar tanto a los traficantes como a los abusadores», y ha hecho un llamamiento a la «denuncia» y «prevención» de esa explotación en los distintos ámbitos de la sociedad: “la escuela, el deporte, las actividades recreativas y culturales, las comunidades religiosas y los individuos”.
Los casos de abusos sexuales a menores son un flagelo muy replicado a lo largo y ancho del mundo. Y, en ese marco, se mira con particular preocupación los cometidos por ministros de la Iglesia católica. Los hechos de pederastia cometidos por sacerdotes en el Instituto Próvolo de Luján de Cuyo y en el Instituto del Verbo Encarnado de San Rafael son ejemplos de ello. Y muchas veces se criticó que la propia superestructura de la Iglesia católica fuera la encargada de encubrir esas abominables acciones.
La feligresía católica y la comunidad civil en general esperaban respuestas de las autoridades religiosas, con especial interés en lo que pudiera decir el papa Francisco al respecto. Las palabras del titular de la Iglesia católica del reciente fin de semana expresan su preocupación. Ojalá las medidas y sanciones concretas tendientes a condenar lo sucedido y, sobre todo, evitar futuros hechos como los mencionados –dentro y fuera de la Iglesia– sean tan firmes como su discurso.




