Los drones redefinen las guerras del siglo XXI y superan la capacidad de regulación internacional

La guerra ya no se libra solamente con tanques, aviones de combate o divisiones blindadas. El campo de batalla del siglo XXI se redefine desde el aire, a bajo costo y con una velocidad de adaptación sin precedentes. El anuario de 2025 del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), publicado en marzo, advierte que la proliferación y el uso masivo de misiles y vehículos aéreos armados no tripulados (drones) se consolidaron como uno de los factores más determinantes de la seguridad global durante 2024.

El Capítulo 7 del anuario, dedicado a este tema, describe un escenario donde los drones dejaron de ser una herramienta complementaria para convertirse en protagonistas centrales de las guerras modernas.

El SIPRI sostiene que los conflictos recientes demostraron que estos sistemas ya no cumplen solamente funciones de reconocimiento o apoyo táctico, sino que son plataformas ofensivas capaces de alterar el equilibrio militar regional y modificar doctrinas de defensa enteras.

La guerra entre Rusia y Ucrania aparece como el laboratorio más extremo de esta transformación. En los dos primeros (2022-2024) años de la invasión del ejército de Vladimir Putin al vecino país, el 10% de los soldados heridos o muertos fue producto del ataque de los aparatos no tripulados. En los últimos 24 meses la cifra se elevó al 80%.

El uso intensivo de drones modificó completamente la dinámica del combate: desde pequeños aparatos comerciales adaptados para lanzar explosivos hasta sofisticados sistemas de ataque de largo alcance, ambos bandos incorporaron vehículos aéreos no tripulados en prácticamente todas las etapas del conflicto.

La escala del fenómeno queda expresada en el propio informe: entre enero y septiembre de 2024, Ucrania registró casi 5500 lanzamientos de misiles y drones rusos, un promedio de más de 20 por día. En noviembre de ese año, Rusia probó el misil Oreshnik —de alcance intermedio y con múltiples vehículos de reentrada con objetivos independientes— en un ataque contra la ciudad de Dnipro. El SIPRI señala que estos sistemas permitieron identificar posiciones enemigas, destruir blindados, atacar infraestructura crítica y desgastar recursos militares con costos muy inferiores a los de las armas convencionales.

La guerra también aceleró un proceso paralelo en el continente europeo. Según el informe, en julio de 2024 Alemania y Estados Unidos acordaron el estacionamiento de misiles estadounidenses lanzados desde tierra en suelo alemán a partir de 2026, mientras que Francia, Alemania, Italia y Polonia —a los que luego se sumaron Suecia y el Reino Unido— firmaron una carta de intención para la producción conjunta de misiles de alcance medio bajo un nuevo Enfoque Europeo de Ataque de Largo Alcance.

El SIPRI advierte que esta acumulación de arsenales conlleva el riesgo de desencadenar una nueva carrera armamentista de misiles en Europa, especialmente en la clase de sistemas previamente prohibidos por el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) de 1987, hoy extinto.

Más rápidos que la ley

El informe también advierte que la velocidad de innovación tecnológica en este campo supera ampliamente la capacidad internacional de regulación. Los drones evolucionan hacia mayores niveles de automatización y autonomía, una tendencia que preocupa a los especialistas en control de armamentos. Cuanto mayor es la autonomía de estos sistemas, más difícil resulta establecer mecanismos de supervisión humana directa y más complejo se vuelve determinar responsabilidades en caso de ataques o errores operativos.

En Oriente Medio, el informe identifica otro fenómeno de alcance regional: la expansión de drones y misiles de origen iraní utilizados por actores no estatales. Según el SIPRI, grupos como Hezbolá y los Hutíes de Yemen emplearon este tipo de tecnología en ataques contra Israel y contra buques en el Mar Rojo, mientras que Israel los utilizó en sus bombardeos sobre Gaza y en ataques contra Irán, Hezbolá en el Líbano y otros grupos armados no estatales en Irak y Siria.

El acceso relativamente económico a drones armados permitió que organizaciones insurgentes o milicias regionales desafíen a ejércitos tradicionales mediante ataques de precisión, saturación aérea o acciones de desgaste.

El fenómeno se extiende además hacia el continente africano. El SIPRI confirma el uso de vehículos aéreos no tripulados armados en al menos seis conflictos en África subsahariana —Burkina FasoEtiopíaMalíNigeriaSomalia y Sudán—, con más de 940 civiles muertos entre noviembre de 2021 y noviembre de 2024. El uso de drones por parte de grupos armados no estatales en la región está en expansión tanto en frecuencia como en alcance geográfico, especialmente en zonas fronterizas como la región de Liptako-Gourma y la cuenca del lago Chad.

Las fuerzas armadas de Irán lanzaron una advertencia directa contra Estados Unidos e Israel.
Irán Foto: REUTERS

El informe también remarca que los drones cumplen una función cada vez más relevante como herramientas de señalización estratégica. No se trata solamente de destruir objetivos militares: la presencia, exhibición o despliegue de estos sistemas se convirtió en un mensaje político y militar. Un dron sobrevolando una frontera, una base o una instalación energética puede representar una demostración de capacidad tecnológica, una advertencia o una forma de presión diplomática.

La preocupación del SIPRI se inscribe en un contexto de crecimiento del gasto militar global. El instituto señala que en 2024 el mundo alcanzó un récord histórico de inversión en defensa: 2,7 billones de dólares, impulsado por las tensiones geopolíticas, la guerra en Europa, los conflictos en Oriente Medio y la competencia estratégica entre grandes potencias. Una parte de esos recursos se destinó al desarrollo de nuevas tecnologías militares, entre ellas drones, inteligencia artificial aplicada al combate, sistemas autónomos y misiles de precisión.

Frente a ese escenario, los marcos regulatorios muestran su fragilidad. El SIPRI advierte que no existe ningún proceso multilateral específico para la regulación de los drones armados. En marzo de 2024, apenas 21 Estados publicaron una declaración conjunta sobre el tema, que se limitó a reiterar la necesidad de intensificar el debate sobre transparencia y rendición de cuentas en la adquisición, transferencia y uso de estos sistemas. Los regímenes existentes, como el Código de Conducta de La Haya contra la Proliferación de Misiles Balísticos (HCOC), son mecanismos de fomento de la confianza, no instrumentos de control vinculante. La combinación entre bajo costo, facilidad de fabricación, autonomía creciente y capacidad ofensiva transforma la naturaleza de la guerra contemporánea mientras las reglas internacionales intentan alcanzar una tecnología que avanza más rápido que la diplomacia y el derecho internacional.

Fuente: Canal 26