Los efectos de una nueva crisis de la vitivinicultura

Por estos días, en los ámbitos políticos y económicos de la provincia se habla mucho de la crisis que atraviesa (una vez más) la vitivinicultura. Con un excedente de más de 300 millones de litros y un mercado que cada año se contrae más, los precios del producto en general tienden a bajar y, así, la que era una de las más importantes patas de la economía provincial muestra hoy una cojera importante.
Las causas que han llevado a esta situación datan de varios años a esta parte pero, también es necesario decirlo, en algunos casos se han profundizado en las últimas temporadas. El consumo de vino a nivel nacional (el mercado interno supone el 75% de las ventas) se viene achicando en las últimas décadas. De hecho, del año 2000 a hoy, la reducción del mercado ronda el 35%. ¿Esto significa que hubo mal manejo en la oferta del producto o que el gusto del público se modificó, yendo a otras bebidas? Las respuestas de los especialistas varían, pero que la gente consume menos vino es una realidad innegable.
Las exportaciones también bajaron. El mundo ya no compra vinos genéricos sino que exige una mejor relación precio-calidad, lo que obviamente va en contra de los volúmenes de comercialización.
La macroeconomía nacional tampoco es ajena: la inflación y los aumentos en los insumos juegan un papel clave para la pérdida de rentabilidad de productores y elaboradores. Además, la atracción que genera el mercado financiero con sus altísimas tasas de interés lleva a que muchos empresarios opten por esa alternativa antes que asumir el riesgo de la producción.
La semana pasada, el gobernador Cornejo dijo que la vitivinicultura era un sector “privilegiado” por las ayudas que otorga el Estado. El mandatario considera que otros rubros que aportan a la economía mendocina no reciben tanta asistencia como la industria del vino y lo considera una injusticia. ¿Será este un nuevo momento clave para la diversificación de la matriz productiva de Mendoza? ¿Es imprescindible esa modificación o habrá que seguir apostando a las mismas recetas? Los dirigentes actuales y los del futuro cercano deberían responder.