Mientras el Anfiteatro José Hernández concentra las grandes noches del Festival Nacional de Doma y Folklore, a pocos metros late otro punto de encuentro que crece año a año y se volvió parte del ritual festivalero: el Patio de Doña Pipa, un espacio con entrada libre y gratuita que funciona como extensión cultural y recreativa del evento.
Ubicado cruzando el puente Arturo Maturano, a menos de cinco minutos del acceso principal al predio, Doña Pipa se transformó en un verdadero “segundo corazón” del festival.

Allí conviven el Certamen “Camino al Festival”, la Feria Federal de Artesanos, una amplia oferta gastronómica con food trucks y parrillas, un sector de juegos y propuestas para niños, y una grilla artística que se enciende noche tras noche con músicos y ballets de todo el país.
El espacio se convirtió en una opción ideal para vivir Jesús María más allá del escenario principal, con la posibilidad de disfrutar espectáculos y recorrer stands sin costo de ingreso.
Dentro de esa dinámica, el Patio de Doña Pipa también es una vidriera para grupos folklóricos y academias de danza de distintos puntos del país.
PRESENCIA SANRAFAELINA CON LOS JARILLALES
En este marco, desde San Rafael llegaron Los Jarillales, que se presentaron durante la madrugada del sábado, sumando la voz del sur mendocino a una grilla cargada de identidad federal.

“Elegimos el folclore, y lo volveríamos a elegir siempre, principalmente, como medio para transmitir lo más profundo de nuestras tradiciones y conectar directamente con la cultura de nuestro suelo y de cualquier argentino. Pero también por la gran riqueza que contiene este género. Porque tiene tal capacidad especial de unir y de expresar ideas que ningún otro género la tiene”, cuentan desde el grupo.
El trío -a pura guitarra, bombo y violín- está integrado por Joaquín Velázquez, Santino Mirón y Juan Cruz Sánchez, y atraviesa un momento de crecimiento sostenido, con presentaciones en la región y en distintos puntos de la Argentina, consolidando una propuesta joven que apuesta a las raíces y a la emoción del folklore bien sentido.







