Los jubilados, entre la violencia afuera y dentro del Congreso y la cruda realidad

El miércoles pasado, el Congreso Nacional fue escenario de una batalla campal que dejó una estela de violencia y preocupación en la sociedad argentina. Mientras las calles aledañas se convertían en un campo de enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas de seguridad, la atención se desvió de una problemática igualmente urgente: la crítica situación que enfrentan los jubilados del país.
En una entrevista con 94.5 FM Vos, Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad, compartió sus reflexiones sobre estos lamentables acontecimientos. «Yo estuve presente el miércoles. De hecho, desde hace 30 años voy cada vez que puedo. Estas marchas empezaron a fines de los 80, principios de los 90. En aquel entonces fueron muy masivas. Hubo movilizaciones de 40, 50 mil personas y, paradójicamente, en aquellos tiempos quienes venían a romper la marcha de los jubilados eran barrabravas de algunos clubes manejados por sindicalistas y demás. En los 90 tenían interés, por ejemplo, en la privatización del sistema», recordó Eugenio Semino al principio de la nota.
«En ese caso, estamos hablando de mercenarios que nada tienen que ver con los verdaderos hinchas de fútbol. Si un día verdaderamente organizamos una marcha en apoyo seríamos varios millones», enfatizó. «Por lo general, los miércoles somos un grupo de unas 40 personas, que se reúnen sobre la vereda del anexo de la Cámara de Diputados, en la avenida Rivadavia. Fui a las tres y media, como es la reunión habitual. Llegaron pocos de los jubilados porque estaba todo muy cortado por la concentración en la Plaza del Congreso. Había un vallado de una fuerza de seguridad que les impedía cruzar la avenida Entre Ríos para no interrumpir el tránsito. Estuve hasta las cuatro y media, más o menos y me volví a la Defensoría.», relató.
«Luego me enteré, como tantos argentinos, de lo posterior, que me generó una enorme tristeza. La violencia que hemos vivido generacionalmente causa un daño social muy grave. Mayor violencia, menos democracia y menos república. No es conducente en términos de procesos. Los jubilados nada tienen que con ver con esos acontecimientos. Que sean juzgados y sancionados todos los responsables, todos los que cometieron delitos. Es decir, hay que separar esto de lo que es la lucha en sí, lo que es un problema de fondo, que son los jubilados y pensionados que literalmente se están muriendo de hambre en Argentina», expresó.
En ese sentido, el entrevistado destacó la paradoja de que la violencia opacara la publicación real estimada del valor de la canasta básica de los jubilados, que asciende a 1.200.523 pesos por mes. «Mientras debiéramos estar preocupados por este tema, lo que trascendió desgraciadamente fue el otro episodio», opinó.
«Con una jubilación mínima de 350.000 pesos, incluyendo un bono congelado de 70.000 pesos, los jubilados apenas cubren el 25% de sus necesidades básicas. Están literalmente muriendo de hambre», sentenció Semino.
Luego, advirtió sobre la crisis que atraviesa al sistema previsional. «El sistema de otorgamiento de bonos es un verdadero disparate. No es más que una herramienta creada ad hoc con fines electorales. El congelamiento del bono distorsiona la aplicación del IPC y perjudica a los jubilados de la mínima. La discrecionalidad lleva a los peores resultados», aseguró.
Además, denunció la precariedad del sistema laboral, con 21 millones de trabajadores de los cuales solo 13 millones realizan aportes. «Lo más grave es que cada vez crece más en el país el trabajo no registrado. Hay que avanzar hacia una reforma estructural del sistema previsional, que incluya cambios en el financiamiento, la edad jubilatoria, la producción, lo impositivo y las leyes laborales.
Hay que reemplazar el financiamiento basado en impuestos al consumo por impuestos a las rentas, como hacen los países nórdicos y la Unión Europea», propuso el defensor de la tercera edad.
Ante la falta de soluciones a corto plazo, Semino instó a generar una política de acción social para los jubilados en situación de vulnerabilidad. «Hay que poner plata al presupuesto nacional para aquellos que no pueden comprar un medicamento, que están viviendo en la calle o no pueden comer, pero lo que pasa es que quienes deberían solucionar esto, el otro día se estaban tirando vasos de agua y agarrándose a las trompadas dentro del recinto», determinó.